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REPÚBLICA DE CHILE

DIARIO DE SESIONES DEL SENADO


PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 341ª, EXTRAORDINARIA
Sesión 11ª, en miércoles 10 de noviembre de 1999
Ordinaria
(De 16:10 a 19:44)

PRESIDENCIA DEL SEÑOR ANDRÉS ZALDÍVAR, PRESIDENTE
SECRETARIO, EL SEÑOR CARLOS HOFFMANN CONTRERAS, SUBROGANTE
____________________

Í N D I C E

Versión Taquigráfica


I. ASISTENCIA

II. APERTURA DE LA SESIÓN

III. TRAMITACIÓN DE ACTAS

IV. CUENTA

Homenaje en memoria de General de Ejército don Carlos Prats González (se rinde)



V. ORDEN DEL DÍA:
Proyecto de ley, en segundo trámite, de Presupuestos del Sector Público para el año 2000 (se aprueba)


Anexos



ACTA APROBADA:
Sesión 4ª, en 13 de octubre de 1999
DOCUMENTOS:
1.- Proyecto de ley, en segundo trámite, que modifica el inciso final del artículo 24 de la ley Nº 18.591, con el objeto de prorrogar bonificación a ocupación de mano de obra en Regiones Primera, Undécima y Duodécima, y en provincias de Chiloé y Palena (2417-05)
2.- Informe de la Comisión Especial Mixta de Presupuestos recaído en el proyecto de ley de Presupuestos del Sector Público para el año 2000 (2405-05)


VERSIÓN TAQUIGRÁFICA

I. ASISTENCIA
Asistieron los señores:
--Aburto Ochoa, Marcos

--Bitar Chacra, Sergio

--Boeninger Kausel, Edgardo

--Bombal Otaegui, Carlos

--Canessa Robert, Julio

--Cordero Rusque, Fernando

--Díez Urzúa, Sergio

--Fernández Fernández, Sergio

--Foxley Rioseco, Alejandro

--Frei Ruiz-Tagle, Carmen

--Gazmuri Mujica, Jaime

--Hamilton Depassier, Juan

--Horvath Kiss, Antonio

--Lagos Cosgrove, Julio

--Larraín Fernández, Hernán

--Martínez Busch, Jorge

--Matta Aragay, Manuel Antonio

--Matthei Fornet, Evelyn

--Moreno Rojas, Rafael

--Muñoz Barra, Roberto

--Novoa Vásquez, Jovino

--Núñez Muñoz, Ricardo

--Ominami Pascual, Carlos

--Páez Verdugo, Sergio

--Parra Muñoz, Augusto

--Pizarro Soto, Jorge

--Prat Alemparte, Francisco

--Ríos Santander, Mario

--Romero Pizarro, Sergio

--Ruiz De Giorgio, José

--Sabag Castillo, Hosaín

--Silva Cimma, Enrique

--Stange Oelckers, Rodolfo

--Urenda Zegers, Beltrán

--Vega Hidalgo, Ramón

--Viera-Gallo Quesney, José Antonio

--Zaldívar Larraín, Adolfo

--Zaldívar Larraín, Andrés

--Zurita Camps, Enrique
Concurrieron, además, los señores Ministros de Hacienda, Secretario General de Gobierno y de Justicia, y los señores Director de Presupuestos y abogado asesor del Ministerio de Hacienda.

Actuó de Secretario el señor Carlos Hoffmann Contreras, y de Prosecretario, el señor Fernando Soffia Contreras.

II. APERTURA DE LA SESIÓN
--Se abrió la sesión a las 16:10, en presencia de 25 señores Senadores.

El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- En el nombre de Dios, se abre la sesión.



III. TRAMITACIÓN DE ACTAS
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Se da por aprobada el acta de la sesión 4ª, ordinaria, en 13 de octubre del presente año, que no ha sido observada.

El acta de la sesión 5ª, especial, en 16 de octubre del año en curso, se encuentra en Secretaría a disposición de los señores Senadores, hasta la sesión próxima, para su aprobación.



(Véase en los Anexos el acta aprobada).

IV. CUENTA
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Se va a dar cuenta de los asuntos que han llegado a Secretaría.

El señor SOFFIA (Prosecretario subrogante).- Las siguientes son las comunicaciones recibidas:

Oficio
De la Honorable Cámara de Diputados, con el que comunica que ha dado su aprobación al proyecto que modifica el inciso final del artículo 24 de la ley Nº 18.591, con el objeto de prorrogar la bonificación a la ocupación de mano de obra en las Regiones Primera, Undécima y Duodécima, y en las provincias de Chiloé y Palena, con urgencia calificada de “simple”. (Boletín Nº 2.417-05). (Véase en los Anexos, documento 1).

--Pasa a la Comisión de Economía y a la de Hacienda, en su caso.

El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Terminada la Cuenta.



HOMENAJE EN MEMORIA DE GENERAL DE EJÉRCITO DON CARLOS PRATS GONZÁLEZ
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Por acuerdo de los Comités, se iniciará la sesión con el homenaje en memoria del General de Ejército don Carlos Prats González, ex Comandante en Jefe de la Institución y ex Vicepresidente de la República, con motivo de conmemorarse 25 años de su fallecimiento, lo que fue solicitado por el Senador señor Gazmuri.

Se han inscrito para intervenir los representantes de todos los Comités.

Tiene la palabra Su Señoría.

El señor GAZMURI.- Señor Presidente, Honorables colegas, por primera vez desde el retorno a la democracia se rinde homenaje en el Senado de la República a uno de los chilenos más ilustres del siglo que ya termina. Conmemoramos en el presente año el vigesimoquinto aniversario de su brutal asesinato junto a la compañera de toda su vida, Sofía, en Buenos Aires, el 30 de septiembre de 1974.

Carlos Prats puede ser definido, con justicia, como un soldado y un patriota ejemplar.

Ingresó a la Escuela Militar en 1931, a los 16 años, en las postrimerías del primer Gobierno del General Ibáñez. Toda su carrera militar fue brillante. Recibió de manos del Presidente Arturo Alessandri la distinción como el mejor alumno de su promoción.

Fue un destacado oficial de Artillería desde 1934. Obtuvo, asimismo, el primer lugar en la Academia de Guerra. Fue Comandante de los regimientos Chorrillos, de Talca, y Tacna, de Santiago. Estudió un año en la Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos, en Leavenworth, Kansas. Fue agregado militar en Buenos Aires, en 1964.

El 26 de octubre de 1970 fue nombrado Comandante en Jefe del Ejército por el Presidente Eduardo Frei Montalva, lo que fue ratificado por el Presidente Allende en noviembre de ese mismo año.

Perteneció a una generación de militares profundamente convencidos de que sólo el sistema democrático puede dar unidad y progreso al país y de que la sujeción al poder político legítimamente constituido es la condición indispensable para que las Fuerzas Armadas puedan cumplir cabalmente sus importantes funciones de garantizar la defensa y seguridad de la Nación. La actitud de prescindencia en la lucha política contingente por parte de los militares formados en esa tradición no significaba en absoluto despreocupación de los grandes temas nacionales, las cuestiones de política internacional y la función y perfeccionamiento de las instituciones castrenses.

Fue un hombre de sólida formación militar y amplia cultura: ensayista, historiador, escritor de cuentos y colaborador asiduo de la revista Zig-Zag por muchos años.

La vida familiar junto a Sofía Cuthbert, con quien se casó en Iquique en 1944, sus hijas, yernos y nietos, ocupó siempre un lugar central en la vida de Carlos Prats.

Asumió la Jefatura del Ejército en un período crucial de la historia de Chile, luego del magnicidio del General Schneider. Comprendió tempranamente que poderosas fuerzas nacionales e internacionales se interesaban en frustrar desde el comienzo la experiencia chilena del tránsito pacífico y democrático al socialismo. Advirtió con clarividencia que era indispensable moderar el agudo clima de confrontación interna que se iba generando en el país. Luchó con todas sus fuerzas para evitar los golpes de Estado que desde el mismo 4 de septiembre de 1970 se venían fraguando en los sectores más extremistas de la Derecha. Previó con lucidez que una intervención militar contra un Gobierno que a pesar de su deterioro contaba con un consistente respaldo popular iba a llevar al Ejército a una durísima confrontación interna con una parte importante del pueblo de Chile. Junto a otros ilustres hombres públicos de esa época -el Presidente Allende, don Bernardo Leighton, el Cardenal Silva Henríquez-, no pudo evitar el trágico desenlace de 1973.

Permítame, señor Presidente, un testimonio personal. Una vez que el General Prats asumió el Ministerio del Interior en el primer Gabinete llamado “cívico-militar”, tuve el privilegio de desarrollar, hasta el término del Gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende, una fluida relación personal con don Carlos. No me atrevería a calificarla como de una estrecha amistad, dadas nuestras diferencias generacionales, pero sí como una vinculación marcada por un mutuo respeto, afecto y simpatía. Fui testigo de la admirable tenacidad con que intentó conjurar el desenlace catastrófico a que conducía la situación política que vivía la sociedad chilena.

Recuerdo, como si fuera hoy, el momento en que resolvió renunciar a la Jefatura del Ejército y el dolor profundo que le provocó la manifestación de un grupo de esposas de altos oficiales, incluidas las de la mayoría de los generales, frente a su domicilio en la avenida Presidente Errázuriz, así como su negativa a reconsiderar su decisión y el firme consejo dado al Primer Mandatario en el sentido de que el nombramiento del General Pinochet como sucesor en la Institución era la única manera de evitar la fractura del Alto Mando del Ejército y el golpe de Estado.

Veinticinco años después de su muerte los chilenos nos vemos constreñidos a discutir acerca del pasado. Para su cabal comprensión, el legado del pensamiento y la acción de Carlos Prats es una contribución indispensable.

En su autoexilio forzado en Buenos Aires, como si intuyera su trágico final, se dedicó obsesivamente a escribir sus memorias. No es el momento de comentarlas. Creo de justicia, sin embargo, reproducir en esta ocasión los motivos que lo llevaron a escribirlas y que constan en su “Carta a mis compatriotas”. Dice el General Prats:



“Con este Testimonio de un Soldado deseo -en primer lugar- satisfacer los anhelos y esperanzas de mi mujer, de mis hijas, de mis yernos y de mis padres, que siempre tuvieron una fe inquebrantable en mí y cuyo cariño fue mi mayor estímulo y apoyo, en los más duros momentos de prueba. Me interesa, además, que mis nietos -cuando sean adolescentes- se formen su propio concepto de la conducta de su abuelo, durante la época en que ellos sólo podían apreciar las apariencias de los honores a su rango, fascinados por la fanfarria militar.

“También es necesario que mis ex camaradas de armas –ya sean los que piensan que mi actuación de conductor fue digna y limpia, como aquellos que se dejaron convencer por la prédica implacable contra el general “al servicio del marxismo”- conozcan antecedentes que mañosamente les ocultaron o aviesamente deformaron aquellos que promovieron la destrucción de una doctrina tan celosamente defendida por el General Schneider y que yo también me esforcé por cautelar.

Agrega: “Para mis verdaderos amigos, espero que sea una satisfacción encontrar en las páginas de este Testimonio…la justificación de actos míos que ellos muchas veces defendieron sin otro antecedente que su confianza en un comportamiento consecuente con principios sostenidos, invariablemente, durante largos años de amistad.



“Para el resto de mis compatriotas –especialmente para quienes fueron directos espectadores o protagonistas de los diversos hechos que específicamente comento- estas pruebas testimoniales serán útiles, como elementos de juicio, para corroborar o reajustar su propia apreciación de la gravísima coyuntura política que terminó por sumir en inescrutable incertidumbre el porvenir de Chile.

“Creo que, en el extranjero, muchos analistas y estudiosos de los hechos sociopolíticos, encontrarán en la cronología de mis recuerdos, una nueva fuente fenomenológica para el análisis de la audaz experiencia de pretender avanzar hacia el socialismo –en democracia, pluralismo y libertad- dentro de la órbita continental del liberalismo.

Y concluye: “Dicen que en los antagonismos históricos, cada frente opuesto es poseedor de una parte –tal vez desigual- de la Verdad; porque la Falsedad absoluta no existe y, en algunas ocasiones, esta última es como un trozo de roca que contiene incrustaciones de pequeñas verdades.



“En mi Testimonio…relato los hechos tal como los observé y viví. No hay ni un solo renglón inventado; no hay protagonistas de ficción; no he acomodado mis comentarios a los resultados posteriores. Éstos reproducen mi pensamiento y visión coetánea de lo ocurrido. Quienes aparecen con su propio nombre tienen que convenir en que no he deformado ni sus ideas ni sus actuaciones.”.

Las memorias de Carlos Prats es un documento esencial para una cabal comprensión de la historia reciente de Chile. Sostengo que debe formar parte de los textos de estudio de nuestras escuelas y academias de formación militar, para entregar allí una visión completa de nuestro pasado inmediato.

Señor Presidente, se encuentran esta tarde entre nosotros las hijas del General Prats, sus esposos y sus nietos. Los saludamos con afecto y solidaridad por el profundo dolor que les causó la pérdida irreparable de sus padres y abuelos. Pero principalmente quiero expresar hoy día, como chileno y Senador, mi gratitud a Sofía, María Angélica y Cecilia -estoy seguro de interpretar con ello a miles de compatriotas-, por su inmenso esfuerzo tendiente a aclarar las circunstancias y los responsables del asesinato de sus padres.

Ustedes mismas lo escribieron hace quince años. Cito: “Estas experiencias, estos sentimientos y tantos otros –el sufrimiento y el dolor indescriptible- nos dieron gran fuerza y entereza para enfrentar situaciones que jamás imaginamos que nos correspondería, con el fin de lograr objetivos superiores hasta entonces imprevisibles para nosotras. Entre estas situaciones, el entender en un momento determinado que éramos las únicas interesadas en aclarar el crimen. Junto a nuestros esposos, y fortalecidas por su cariño y por el apoyo que nos han dado con generosidad ilimitada, comenzamos desde el interior de nuestros hogares, a forjar la ilusión de convertir esto en un juicio justo y con resultados que llevaran no a un castigo, sino a una verdad que al señalar a los culpables, fuera un aporte positivo para el país.”.

Ya lo dijo San Pablo hace casi dos mil años: sólo la verdad nos hará libres. Sabemos también que la justicia es el fundamento de la paz entre los hombres. Conocer la verdad acerca del crimen de este chileno ilustre y ejercer la justicia sobre sus responsables compromete el honor de la nación y, por cierto, también el del Ejército de Chile, institución permanente y fundamental de la República, que el General Carlos Prats mandó con dignidad en un período crucial de la historia del país.

He dicho.

--(Aplausos en la Sala y en tribunas).

El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Romero.

El señor ROMERO.- Señor Presidente, señores Senadores, al adherir al sentido homenaje que hoy se rinde al General don Carlos Prats, los Senadores del Comité Renovación Nacional e Independiente nos sumamos con respeto al recuerdo de quien fuera Comandante en Jefe del Ejército, Ministro de Estado y Vicepresidente de la República.

El Honorable colega que me precedió en esta Alta Tribuna ha destacado la trayectoria del General Prats y, desde su punto de vista, ha resaltado los alcances históricos del rol que le correspondió desarrollar en momentos muy difíciles de la nación.

Tal vez corresponda esta tarde rememorar algunas facetas personales que hemos intentado reunir de quienes le conocieron en el ámbito profesional y familiar, y que no han trepidado en caracterizarlo como una persona de costumbres sencillas, de trato agradable, con profundas inquietudes intelectuales y, en especial, con clara exposición de ideas y coherencia en su discurso.

Su capacidad profesional e integridad personal se nutren de principios y valores humanistas que se forjan al interior de la institucionalidad militar y en el seno de una familia de principios y valores.

Su incursión en la literatura lo lleva a escribir diversos ensayos; entre ellos, uno sobre “Don Benjamín Vicuña Mackenna y las Glorias de Chile”. Quizás, sin quererlo, algunas de sus descripciones del personaje histórico se pueden enlazar con su propia personalidad. Al describirlo, nos señala de Vicuña Mackenna que “Como todos los hombres que luchan con denuedo por que prevalezcan sus propios ideales, éstos sanamente los identifican con la verdad”; o bien, cuando nos habla de don Benjamín, lo retrata como “hombre de actitudes cordiales, sano de alma y recto de juicio, quizás ingenuo en sus relaciones con los demás, y que siempre demostró confianza en la honradez personal y la sinceridad del prójimo.”.

Para graficar con mayor propiedad su definida personalidad, me ha parecido del caso traer el recuerdo de un acontecimiento que ha quedado muy grabado en mi memoria y que habla por sí mismo de un Carlos Prats tal vez desconocido para muchos en la faceta que me permito narrarles a continuación.

A fines de 1972, él, siendo Ministro del Interior en la convulsionada época que debió enfrentar, al ser llamado por el Gobierno de ese entonces para asumir la Jefatura de Gabinete, acoge una petición de audiencia que yo le formulara a raíz del cierre de las transmisiones y censura de la Radio Agricultura, donde tuve la oportunidad de exponerle la grave situación que afectaba, en particular, a su filial de Los Ángeles, la cual, por motivaciones enteramente arbitrarias, llevaba a la sazón siete meses silenciada. Me escuchó en silencio, muy atentamente y, aun cuando era muy temprano en la mañana, hacía anillos de humo con los cigarrillos que, al parecer, no aspiraba. Luego de conocer los detalles de las razones expuestas e inquirir acerca de todos los antecedentes, con la decisión propia de su formación, me indicó el procedimiento y el camino que deberíamos seguir para levantar tan prolongada como arbitraria censura.

Sin aspavientos ni frases de más, me pidió que le mantuviese informado del curso de los acontecimientos, ya que se encargaría -según sus palabras- de terminar con una situación tan grave y contraria a la libertad de informar, que él señaló como indispensable en el acontecer nacional, aun cuando tal decisión había sido dictada por el propio Gobierno del cual era Ministro y Jefe del Gabinete.

A los pocos días, el procedimiento se había cumplido sin contratiempos y una muchedumbre celebró en la plaza de Los Ángeles la reapertura de su radio, de su medio de difusión más popular, sin probablemente conocer al verdadero autor y gestor de tal liberación.

De ese modo culminaba una decisión coherente y resuelta de quien expresaba en la acción su adhesión a los principios de la libertad y justicia que primaban en su espíritu.

Éste no es el momento ni la oportunidad de hacer un análisis o un juicio acerca del rol político que le correspondió asumir, sin duda distinto del que su vocación militar le indicó; pero nadie puede dudar de su sincera convicción de estar haciendo lo mejor para el país que tanto amaba.

Es preciso en esta ocasión reiterar que su trágico destino carece de sentido y racionalidad, y que no sólo ha dañado los sentimientos de su familia, sino los de todos quienes queremos desterrar la violencia -sea como acción política o en cualquiera de sus formas- que, desgraciadamente, se desató en las postrimerías de la década de los años 60.

Este homenaje al General Carlos Prats es una motivación especial para hacer una profunda reflexión acerca del presente y del pasado, pero con mayor fuerza aún respecto del futuro.

Chile necesita proyectarse con vigor para el mejor desarrollo de la nación, dejando atrás la pasión y la división, para encontrar en la paz, la justicia y la unidad la base de su nuevo empezar.

He dicho.

--(Aplausos en la Sala y en tribunas).

El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Bitar.

El señor BITAR.- Señor Presidente, estimados colegas:

En nombre de los Senadores del Partido Por la Democracia y de los Honorables señores Silva Cimma y Augusto Parra, expreso estas palabras y saludo con afecto a la familia del General Carlos Prats y su esposa, Sofía: a sus hijas Sofía y su esposo, Isidoro Cuadrado; Angélica y su esposo, Víctor Miguel Castro, y Cecilia, casada con Jaime De Ferari; a los hijos de todos ellos; a los demás parientes y amigos que nos acompañan.

Nos reunimos hoy día para rendir homenaje a un gran chileno, brillante oficial, ex Comandante en Jefe del Ejército de Chile. Un hombre que pagó con su vida y la de su esposa su compromiso con la legalidad y el orden constitucional.

La memoria del General Carlos Prats y de su esposa, Sofía, permanecerá grabada en las páginas de la historia y en los corazones de los chilenos.

Nacido en Talcahuano en 1915, desde su ingreso a la Escuela Militar, en 1931, Carlos Prats se destacó por su gran vocación y aptitud por la carrera de las armas, egresando con la primera antigüedad de su promoción, tanto de ese establecimiento como del curso regular para Oficiales de Estado Mayor en la Academia de Guerra que haría años después.

Oficial de Artillería, se desempeñó en distintas divisiones a lo largo y ancho de Chile, sobresaliendo siempre por su liderazgo, don de mando y entrañable dedicación al Ejército y a la patria, hasta que el Presidente Eduardo Frei Montalva lo designara Comandante en Jefe del Ejército de Chile.

Desde la Comandancia en Jefe del Ejército, el General Prats desempeñó un papel clave durante un período importante de la historia de Chile bajo la Presidencia de Salvador Allende, llegando a ser incluso Ministro del Interior y Vicepresidente de la República, primero, y Ministro de Defensa Nacional, después.

A pocas semanas de haberse cumplido ya 25 años de su muerte (el 30 de septiembre) junto a su esposa, asesinados en una calle de Buenos Aires, no puedo dejar de recordar aspectos significativos de sus vidas.

Carlos Prats y Sofía, quienes se conocieron en Iquique, por esa fecha trágica de 1974 ya habían cumplido 30 años de matrimonio. Quienes les conocieron recuerdan la visión positiva con que ella enfrentaba la vida. En 1973 no quiso quedarse en Chile y viajó a Argentina, afirmando: “Quiero irme con él, porque si algo le pasa a Carlos, prefiero que nos suceda a los dos”.

En 1974, presintiendo el peligro, Carlos Prats se esmeró en terminar sus memorias, que concluyó pocos días antes del crimen.

Al cumplirse 25 años de su muerte, hay que ser honestos con la historia y hacer justicia con su imagen.

Asumió en 1972 sus responsabilidades de gobierno porque así se lo demandó el Generalísimo de las Fuerzas Armadas y Presidente de Chile. Lo hizo también por requerimiento y con aceptación de la mayoría de las fuerzas políticas, pues daba garantía de rectitud, profesionalismo e inteligencia en un momento de gran tensión. Lo hizo también tras consultar al Cuerpo de Generales del Ejército, que le otorgó su respaldo unánime. No fue adherente de la Unidad Popular, y actuó como un militar respetuoso del poder civil constituido y con amor por su país.

Al cumplirse 25 años del crimen, en este Senado debemos hacer una reflexión profunda y asumir responsabilidades con el futuro. Investigar hasta el fin, no admitir la impunidad y hacer justicia castigando a los responsables, es imprescindible. Valoramos con profundo reconocimiento el esfuerzo resuelto, sereno y admirable de sus hijas por avanzar hacia la verdad sobre la muerte de sus padres.

El Gobierno de Chile se ha hecho parte en los juicios que se llevan en Argentina. Estamos ciertos de que los responsables serán procesados y deberán cumplir las sentencias que les impongan los tribunales de ese país.

Pero eso no es suficiente. No es aceptable para la democracia chilena y para la historia militar de nuestra patria que sea la justicia argentina la que deba hacer la verdad. Es nuestra justicia la que debe actuar y es el propio Ejército el que en primer lugar debe asumir la tarea de impulsar las investigaciones para esclarecer el crimen de su ilustre Comandante en Jefe.

Aún es tiempo de superar, en alguna medida, veinticinco años de silencio de la institución a la cual Prats sirvió por más de cuatro décadas. Es una responsabilidad con los valores de lealtad y honor militar, y el compromiso con cada chileno de hoy y de mañana.

El Ejército chileno ha expresado con persistencia que el arresto del ex Comandante en Jefe General Pinochet es motivo de angustia y dolor; ha pedido acciones drásticas para superar esta situación. La misma actitud cabe esperar ahora para esclarecer el crimen de su ex Comandante en Jefe General Carlos Prats. Lo uno sin lo otro daña la credibilidad y, en consecuencia, la legitimidad que el Ejército merece y que Chile necesita.

Pasadas tres décadas, vivimos en un mundo muy distinto del que le correspondió vivir al General Prats. Más allá de las circunstancias y el entorno histórico, su figura y su pensamiento encarnan y representan las mejores tradiciones del Ejército y de las Fuerzas Armadas; de ese Ejército de Bernardo O’Higgins y Manuel Bulnes, de Manuel Baquedano y de René Schneider, con visión de desarrollo nacional, de compromiso con la democracia.

Los principios y doctrinas que guiaron su quehacer institucional, junto a los lineamientos que iluminaron la acción de su predecesor y entrañable amigo de estudios y de armas, el General Schneider (quien también murió asesinado, en octubre de 1970), dieron origen a la llamada “Doctrina Prats-Schneider”.

Esa doctrina es una herencia valiosa que debe recuperar el Ejército. Ese compromiso con el Estado de Derecho y con la subordinación de los mandos militares al poder civil, que no es sino la subordinación a la soberanía y la voluntad popular, es lo que hará más grande a Chile.

Si hay algo que el General Carlos Prats entendió con meridiana claridad, es que la contrapartida del privilegio que significa entregarles a las instituciones armadas el monopolio del uso de las armas es que ellas no pueden desviarse y torcer la voluntad ciudadana, ni promover intereses corporativos en desmedro de los del país.

Ésa es la regla de oro para gestar nuevas relaciones cívico-militares, para el fortalecimiento de la democracia y la soberanía y para el bienestar de los chilenos.

La modernización de nuestras Fuerzas Armadas, en general, y del Ejército, en particular, es una prioridad estratégica que compartimos.

Para desplegar cabalmente esa modernización, la doctrina Prats- Schneider es una importante fuente de inspiración.

Por último, señor Presidente y Honorables colegas, a nadie pueden escapar en el Senado la enorme trascendencia y el impacto -incluso en nuestra cultura nacional- de lo acontecido a los tres últimos Comandantes en Jefe del Ejército: el primero, asesinado por un grupo extremista de Derecha; el segundo, asesinado presuntamente por la DINA, y el tercero, detenido a raíz de un proceso judicial donde se le imputan tortura y violación de derechos humanos. Sólo una conducta inconmovible de respeto al orden constitucional y una democracia sólida pueden alejar estos peligros a futuro y darnos un país promisorio.

Señor Presidente, estimados colegas, diez años después del retorno a la democracia, aún resta mucho camino por andar para normalizar plenamente las relaciones cíviles-militares, que es el propósito que nos inspira a todos. Parte de las dificultades que nuestra transición ha enfrentado en el transcurso del último año se ha debido a que nuestras instituciones políticas han permanecido estancadas, sin cambiar desde entonces en temas esenciales para la democracia.

En ese contexto, las palabras de ese gran soldado que fue el General Carlos Prats adquieren más vigencia que nunca, por lo que me voy a permitir citarlas para cerrar estas expresiones de homenaje a su señera figura:

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