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Autores: Dr. Ricardo de la Vega Marcos


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Tabla 3 Experimento de Smirnov. (1984), en la próxima página.
La frecuencia cardíaca (fc) se tomó después de impartida la orientación, antes de la caída y el momento y después de la caída, en el décimo, segundo. También, se valoraron otros paráme­tros psicológicos. El análisis de los resultados expresa que de dos grupos que se dividieron en audaces y tímidos se obtuvo:

  • Al observar los datos referentes a la valoración de la calidad de la realización de la tarea, valoración de la firmeza y la audacia en el experimento; se constata que la calidad de la tarea aumentó en los audaces desde el tercer intento. Los tímidos no alcanzaron en el trans­curso del experimento los resultados de los audaces.

  • Los sentimientos asténicos de los audaces fueron expresados como un poco más débiles que en los tímidos y surgieron fundamentalmente antes de la primera caída.

  • Respecto de la autovaloración de la emoción, en los audaces mejoró en el tercer intento y empezó a mejorar en los tímidos en el cuarto y quinto.

  • En el primer intento los audaces fueron del 48% y en los tímidos del 34% como promedio se corresponden con la Autovaloración de "algo horrendo" y "horrendo". Para los tímidos "fue horrendo", por la desconfianza en los capturadores de sus cuerpos en la caída. En lo sucesivo los momentos desagradables van disminu­yendo.

8.4. La Formación del “Valor” y el Papel Mediador del Entrenador.
Ilg (1985), señala algunas condiciones y principios importan­tes para la formación del valor por parte del entrenador:


  • Primeramente, para este autor es necesario aclarar qué se en­tiende por valor. El valor es una cualidad volitiva que posibili­ta al deportista dominar y controlar su comportamiento en situa­ciones infrecuentes y peligrosas, y vencer el miedo.

  • El comportamiento valeroso se caracteriza por un conjunto de motivos, fines o metas conscientes, así como sentimientos, que se encuentran íntimamente interrelacionado y dan origen a las deci­siones.

  • La ejecución de la acción se regula mediante el programa men­tal, aquí se incluyen representaciones y pensamientos, en la cual, principalmente durante las resistencias que se presentan, se ponen en juego todos los procesos y cualidades de la persona­lidad y se concentran en la realización de la acción relacionada con el objetivo buscado.

Ilg (1974), plantea que el comportamiento valeroso condiciona un nivel determinado de desarrollo intelectual. Las condiciones importantes son los conocimientos, experiencias, fantasías, análisis lógico, conceptos básicos de la moral y ética. El valor consiste, en primer lugar, en el análisis sobre el qué, cómo y por qué de la acción. En este sentido amplio, el valor resulta de la capacidad para motivar el comportamiento apoyada en los convencimientos básicos sociales importantes, las posiciones, principios e ideales.


La educación del valor constituye un proceso pedagógico com­plejo, que tiene como objetivo evitar procesos de inhibición condi­cionados por la situación y provocar el control del comportamien­to consciente y normal. Además, se demuestra, como conocimiento básico en la vida social, que es posible. El deporte, como actividad multilateral, hace un aporte de la importancia de la formación del hombre que lo practica, al colocarlo en situaciones de reto que tienen un carácter "peligro­so", cuyo vencimiento exige arrojo. Una de sus contribuciones, por lo tanto, es el logro del control de las emociones, de los impulsos y las pulsiones, sometidas a la regulación de las acciones y de las reglas de la actividad.
En la formación del valor participan un conjunto de factores, de los cuales honda significación juega el entrenador, la actitud hacia el deportista, su capacidad para orientar e instruir al deportista facilitándole la justificación de por qué se tiene que vencer el miedo y demostrar el valor.
El entrenador debe propiciar las condiciones para el desarro­llo de motivos, valores y convicciones firmemente arraigadas en el deportista y de elevado valor social. El desarrollo de las cualidades volitivas bajo principios pedagógicos deben ser desarrollados correctamente. El deportista debe llegar a conocer que no es valiente quien esté en peligro sin que sienta temor, sino quien está en condiciones de vencer el temor y pensar en el peligro sin dejarse someter por el miedo.
El conocimiento previo del deportista, sus características relativas a su valor y motivaciones pueden ser muy útiles para la planificación de las cargas de entrenamiento y, con ello, de las condiciones que presentan peligro. El entrenador debe aumentar paulatinamente los requisitos de valor, de manera que surja la lucha entre el grado de valor exigido y el nivel de valor que presenta el deportista. Los requisitos de valor deben diferen­ciarse mediante la variación de los ejercicios, la manipulación de los implementos, en cuanto longitud, altura y complejidad.
Igualmente, la variación de las regulaciones y requisitos de los ejercicios puede contribuir a que se haga más profunda la contra­dicción entre lo que se puede y las exigencias de la acción, por ejemplo, cuando debe imitar a un deportista con elevado grado de destreza en una acción compleja. El refuerzo positivo de las acciones ejecutadas adecuada­mente, la creación de condiciones de seguridad, etc, forman parte de los medios pedagógicos para la creación del valor.
Las indicaciones pedagógico psicológicas para la formación del valor son indicaciones para la acción que no son aplicables formalmente, sino que deben utilizarse de manera creadora, en dependencia de la situación correspondiente. Durante el control psicológico del desarrollo de la forma deportiva, la regulación del grado de miedo en el proceso de entrenamiento es el factor más importante en determinados depor­tes. En este caso, los métodos de regulación psicológica desempe­ñan un papel destacado.
8.5. Consideraciones Finales.
Los deportistas que presentan miedo en sus ejecuciones o a las condiciones de realización de las mismas pueden encontrar una valiosa ayuda mediante la realización de algunas técnicas de intervención psicológica, entre ellas, la desensibilización progresiva de, Wolpe (1958). Este autor enfatizó que el estado de relajación facilita el acceso a la mente y permite que el sujeto por medio de sugerencias que realiza gracias a la visualización reprograma su disposición para la actividad.
En efecto, nuestra mente no hace distinción alguna entre un acontecimiento imaginado con intensidad en el estado de relaja­ción profunda y un acontecimiento vivido realmente. El miedo a las acciones u otros factores implicados en la actividad es, con frecuencia, resultado de las expectativas negativas o del re­cuerdo de experiencias anteriores desagradables propias del sujeto u observadas en otros participantes. La técnica permite modificar las vivencias negativas empleando vivencias positivas en estado de relajación y con ello reprogramar nuestras valora­ciones de las circunstancias que originan nuestro temor.

CAPÍTULO 9. LAS EMOCIONES PREVIAS A LA COMPETICIÓN
9.1. Consideraciones Previas.
El significado de las competiciones deportivas causa, regular­mente, estados emocionales que sobrepasan ampliamente en su intensidad a las relacionadas con la vida cotidiana. Si bien el proceso de entrenamiento y preparación deportiva influyen de manera destacada en la formación de la personalidad del deportista, las competiciones no son sólo exámenes peculiares, ellas dejan huellas profundas en la personalidad de cada partici­pante, formando y transformando sus cualidades.
Son características generales de todas las competiciones deporti­vas:

a) Su influencia estimulante, en su contexto se registra los mayores rendimientos.

b) Como objetivo de la participación en la competición está el logro de la victoria o mejorar un resultado anterior. Esto crea una situación en la cual el deportista debe manifestar el máximo de sus posibilidades, con frecuencia esto tiene lugar en condi­ciones complejas y con déficit de tiempo.

c) En la competición se dan dos elementos irrepetibles y por tanto trascendentes. Las condiciones de la competición y la personalidad del deportista, incluyendo su estado, en el caso de los equipos tendríamos las características de los mismos. Las Olimpiadas del 2004, constituyen un hecho exclusivo, si el depor­tista gana o pierde en ella, ya no podrá remediar lo ocurrido, si gana en la próxima Olimpiada será el campeón de ella pero no de la anterior, en caso de que hubiera perdido. Por ello planteamos el carácter trascendente de cada competición.

d) Las competiciones siempre tienen un valor social, ya que los resultados alcanzados presentan la posibilidad de ser valorados socialmente repercutiendo en el prestigio del deportista o el equipo, a la vez influyen en el estatus del deportista en la sociedad. La toma de conciencia de la significación de la competición por el deportista, como norma constituye un factor potente que lleva al logro del objetivo competitivo. Sin embargo, la significación tiene su medida para cada deportista, la cual se determina por las características generales y especia­les de su personalidad y por el estado psicológico en los momen­tos de la competición.

e) Los resultados de la participación en las competiciones siempre tienen valores personales para el deportista. Permiten determinar la forma y nivel de resultados alcanzados en un perío­do de formación deportiva.



f) Las competiciones deportivas son un factor específico que crea estados emocionales volitivos extraordinarios, los cuales pueden brindar una influencia tanto positiva como negativa en el proceso y el resultado de la actividad del deportista.
Ocurren, por tanto, en la competición la presencia de exigencias psicológicas máximas. Se requiere la agudización de todas las funciones psíquicas, una elevada saturación emocional y un con­trol agudo y constante de las acciones.
9.2. Características Psicológicas de las Situaciones Precompetitivas.
En la situación precompetitiva se dan relaciones estrechas y peculiares entre las emociones, de carácter involuntario y las cualidades volitivas del deportista de nivel consciente. Su interrelación compleja consiste en que cada una de ellas sólo se manifiesta directamente en la actividad sino que es influida una por la otra -por ejemplo, las emociones que tienen lugar durante la situación competitiva pueden inhibir los esfuerzos voliti­vos-. Al mismo tiempo, cualquier esfuerzo volitivo tiene en su base un inicio emocional. Aquí se manifiesta el atributo motiva­ción de las emociones. Igualmente, una reacción emocional precompetitiva puede ser modulada y regulada mediante esfuerzos volitivos.
La activación del organismo es un producto de la emoción y el aprovechamiento de este grado de activación resulta de la volun­tad del sujeto. Su expresión son los estados de entusiasmo, deseos de combatir y grado de creatividad del deportista en la actividad.
Un lugar central en la Psicología de la Competición lo ocupa el estudio de los estados psíquicos precompetitivos: tensión psíquica, reacciones emocionales, estrés, alteraciones del co­mienzo o pre arranque, etc. Los estados emocionales denominados ““prearranque”” tienen una determinación compleja, ellos son el reflejo de un conjunto de condiciones que caracterizan la actividad competitiva. Como expresión refleja de estas condiciones tienen un carácter antici­patorio y permiten a la psiquis del deportista una respuesta previa, preparatoria, a las condiciones de la competición.
Se puede establecer que unos cuantos días antes de la competición el grado de tensión se mantiene próximo a los parámetros normales individuales. Pero este varía momentos antes del inicio de la competición, si este permanece igual se considera que el deportista se encuentra en estado de indiferencia frente al hecho competitivo. Los deportistas inestables experimentan el estado de “prearranque” unas semanas antes o más; los estables sólo el día de la competición. En los casos más favorables el nivel óptimo de tensión emocional volitivo coincide con el tiempo de la arrancada o inicio de la competición.
La clasificación de los estados de ““prearranque”” fue elaborada por, A. Z. Puni,(1974), para lo cual partió de las características de la actividad nerviosa superior, excitación e inhibición. Esta clasi­ficación dio lugar a tres tipos de estados de “prearranque” (Gráfica 9.1). Cuando aparece el nivel óptimo de tensión emocional volitiva se le denomina de preparación "combativa". El mismo influye positivamente en la actividad competitiva, permitiendo al deportista realizar al máximo su nivel de preparación con gran entusiasmo y deseos de competir y rivalizar, así como facilita la agudización de los componentes cognoscitivos y psicomotor del deportista. Es muy importante que coincida este nivel óptimo de tensión psíquica en el momento de la arrancada.
Un segundo estado es el de “fiebre de “prearranque”” y se caracte­riza por una aceleración de los procesos psicológicos del deportista. Hay una excitación emocional marcada. Algunos deportistas pueden durante un tiempo prolongado encontrarse en estado de excitación emocional elevada sin perjuicio especial para el resultado depor­tivo, otros revelan rápidamente en su conducta los elementos de una excitación fuera de limites y que afecta su comportamiento. Sin embargo, en cualquier caso un estado de “fiebre de “prearranque”” disminuye la seguridad del deportista y la probabilidad de alcanzar un resultado elevado, aunque esto no significa que el resultado sea bajo. En este estado es posible obtener un resultado elevado pero se determina el mismo por la forma en que se realice la preparación directa para al competición, en especial en los eventos de alta coordinación y corta duración.
La “fiebre de la arrancada” es un estado psicológico desfavorable a pesar de todo lo planteado. En la mayoría de los casos, éste obstaculiza al deportista a movilizarse al máximo y no permite reali­zar todas sus posibilidades durante la competición. Además, de esto, si la “fiebre de “prearranque”” surge días antes de la competición, el deportista puede tener alteraciones del dormir y va a tener un gasto de energía que puede agotarlo para la competición.
Un estado pésimo de “prearranque” surge cuando el nivel de ten­sión psíquica cae bruscamente, este es el denominado estado de apatía, el tercero de los estados señalados por A. Z. Puni. (1974). La transición de una tensión psíquica máxima a la apatía con frecuencia transcurre en un corto período de tiempo. En cuanto el deportista revela nerviosismo, intranquilidad en la espera, al comienzo de la competición, los movimientos son violentos y rápidos y de pronto bruscamente abatido, se ponga pasivo, se siente en posición ensimismada, no demuestra un deseo ferviente de competir; sus reacciones son pausadas y a veces se manifiesta bostezando. Con frecuencia, la apatía de la arrancada es conse­cuencia de una sobre tensión aguda en el estado precompetitivo.
El estado de apatía de la arrancada, por lo tanto, se caracteriza por una disminución brusca de la motivación de la actividad, de la volun­tad y el sentido de la responsabilidad. No le permite al depor­tista, no sólo poner en claro sus posibilidades de reserva, sino realizar incluso el nivel de preparación alcanzado.

Estado

Motivación

P. Cognitivos

Comportamiento


Combativo.

Optimo.


Elevada motivación.

Seguridad en las propias fuerzas.

Interés por competir.


Atención concentrada.

Pensamiento orientado.

Agudización de las percepciones.


No hay cambios en la mímica.

Rostro tranquilo.

Buen control de los movimientos.


Fiebre de

Pre-Arran 

que.


Motivación excesiva.

Nivel de aspiración exagerado.

Sobre valoración de sus fuerzas.


Atención dirigida poco estable.

Sensibilidad elevada.





Labios apretados.

Pestañeo.

Reducción de la exactitud.


Apatía de

Pre Arran 

que


Pequeña motivación.

Falta de interés por la competición.

Inseguridad


Atención no concentrada.

Dificultad en la memoria.




Ausencia de sonrisa, pasividad de las poses.

Movimientos no enérgicos.

Poca iniciativa.


Estado

Reacción Fisiológica

Interrelación


Combativo.

Optimo


Aceleración de la frecuencia cardíaca.

Equilibrio de los procesos de inhibición y excitación.



Relaciones personales habituales con el medio.


Fiebre de

Pre  Arranque



Pulso acelerado.

Respiración superficial.

Enrojecimiento de la piel.


Intensidad elevada de la comunicación.

Irritabilidad.

Capricho.


Apatía de

Pre  Arranque



Disminución de la frecuencia cardíaca.

Fatiga, sensación de debilidad corporal.



Disminución brusca de los contactos interpersonales.

Gráfica 9.1 Tipología de los Estados de “prearranque”
Más allá de lo planteado, es necesario señalar que los fenómenos aquí expuestos son extraordinariamente complejos. Es posible que deportistas con estado desfavorables de “prearranque” alcancen resultados en las competiciones, por ello, es recomendable estu­diar las formas típicas que caracterizan al deportista en cuanto a sus estados de “prearranque” y nivel de rendimiento. El conocer las peculiaridades de los estados de “prearranque” de los deportistas es indispensable para la planificación y organi­zación de la preparación psicológica con vistas a las competiciones.

9.3. Factores que Influyen en la Tensión Psíquica Precompetitiva.
Como causas que influyen en la dinámica de la tensión psíquica precompetitiva debemos destacar, fundamentalmente, las siguientes:
A) La importancia de las competiciones. La misma se determina en primer lugar por la correlación del objetivo y el nivel de prepa­ración del deportista. Esto se condiciona pudiéramos decir por la importancia absoluta de las competiciones en dependencia de su nivel. Una preparación débil lleva a descender los objetivos, lo que disminuye la importancia de las competiciones, y más aún la tensión psíquica.

Un alto nivel de preparación, si el mismo se relaciona con todos los objetivos a alcanzar, con frecuencia da una dinámica favorable de la tensión psíquica.

Objetivamente un buen nivel de preparación deportiva adherido con la preparación psicológica para la competición donde se manifiesta la predisposición psicológica del deportista, sus cualidades y de manera especial la capacidad de autovaloración de forma adecuada permite que se acepten objetivos muy elevados cuyos logros influyen en el estatus social del deportista.

Las variaciones imprevistas de los objetivos pueden tener un saldo desfavorable, ello puede ocurrir de forma consciente o inconsciente, por ejemplo, el deportista puede mostrar en las etapas preliminares para la competición un nivel de rendimiento superior al esperado y el entrenador colocar una meta superior; sin darse cuenta de esto puede dar lugar a una variación en el estado de la forma deportiva, en los elementos psicológicos de la misma, dando origen a un estado de “prearranque” negativo y por tanto desfavorables a los rendimientos propuestos. Para que estos cambios puedan efectuarse hay que lograr un nivel de comprensión elevado, contar con información detallada y convencer al depor­tista de forma real y profunda acerca de las ventajas en el cambio de las metas.

La importancia de las competiciones se determina por su nivel. Pero esto es relativo (sin duda, la primacía del país es más importante que la de la región). Su importancia puede ser elevada de acuerdo con la calidad de los participantes. Hay que recordar que el significado de todos los factores relativos a la competición depende del estado del deportista, el sentido perso­nal que tenga para él la competición, sus aspiraciones y capaci­dades cognoscitivas como la percepción de la dificultad.

Hay que considerar que para los deportistas excitados emocio­nalmente y poco estables, la disminución tempo­ral de la importancia de la competición es un método efectivo para garantizar un buen estado precompetitivo.


B) La composición de los participantes en la competición. Este es un factor que esta íntimamente relacionado con el primero, la presencia de adversarios fuertes incrementa la importancia de la competición. De esta manera, las exigencias son más elevadas y reclaman la necesidad de una mayor información respecto a los participantes, que abarca el conocimiento del estado de las cualidades deportivas a su personalidad, los aspectos débiles y fuertes. Pero esta información no debe ser excesiva. Es importante saber acerca del adversario pero sólo lo concerniente a lo necesario para la participación en la competición.

Cuando hay diferencias en el nivel de preparación de los parti­cipantes, el estrés precompetitivo se determina fundamentalmente por el resultado propuesto y no por la competición. Esto es el lugar a ocupar. A nuestro modo de ver, la tensión psíquica alcan­za su punto más elevado en los casos en que los participantes están equiparados de acuerdo con su nivel de entrenamiento.


C) Organización de la competición. Las ceremonias de apertura, las características del arbitraje, así como la conducta de los espectadores pueden influir tanto positiva como negativamente en la dinámica de los estados precompetitivos. Aunque estos factores están mediatizados por la experiencia y nivel de los deportistas y desde luego por las características de su personalidad.

D) La conducta de las personas que están dentro de la organiza­ción deportiva. Los deportistas a veces se convierten en reservorios de la ansiedad de los entrenadores. En las agitadas circunstancias de una competición, deportista y entrenador pueden proyectar sus angustias y temores atribuyéndoselo uno al otro o creando difi­cultades en la interrelación de ambos. Una conversación mal orientada, una frase irritante y puede echar a perder toda la preparación.


E) Particularidades psicológicas individuales. Se trata funda­mentalmente aquellas particularidades que están vinculadas al temperamento del deportista y que determinan su estado de humor, excitabilidad emocional y el tempo de sus acciones. Además, el grado de madurez y responsabilidad, las cualidades especiales de la personalidad tal como la estabilidad, y otros, determinan en buena medida gracias a su integración las características de la reacción emocional de cada deportista.
F) Particularidades del evento deportivo y del ejercicio compe­titivo. El estado de “prearranque” del velocista, fondista, gimnasta y nadador se determina por el nivel necesario de movilización, posibilidad de iniciar el ejercicio de forma independiente o a la señal del juez de arrancada, y otros, por ejemplo, para el lanzador, la atención máxima como consecuencia de la tensión psíquica antes de la ejecución del ejercicio es fundamental para su resultado deportivo. Un estado semejante no le es necesario al fondista. Estos factores influyen considerablemente en las características de la autorregulación y autocontrol de los estado de “prearranque”. El lanzador tiene tiempo para escoger el inicio del ejercicio y seleccionar el momento en que está pasando por el mejor estado. El corredor de velocidad debe crear ese estado favorable y mante­ner el mismo hasta la señal del juez de salida, en ocasiones en circunstancias desfavorables por haber tenido una arrancada en falso.

Otro ejemplo, que nos habla de estas características la tenemos en el boxeo; el boxeador pasa por diferentes actividades previas a la competición; para cada una de ellas se va presentando un estado emocional determinado y una y otra va influyendo en la disposición final para la competición, así, cuando espera el momento del sorteo, donde puede tener una situación más fácil o menos viene el momento del pesaje y aquí debe enfrentar la even­tualidad de si está en el peso correcto o no y por último la competición.

Asimismo, hemos observado como los tiradores reaccionan de forma emocional cada vez que dentro de la competición se preparan para tirar.
G) El nivel de dominio de los métodos de autocontrol y regula­ción de las reacciones emocionales. Un uso correcto de estos métodos y la intervención del psicólogo, pueden remediar mucho de los factores internos inherentes a estas reacciones emocionales.

Un conjunto de métodos que pueden ir desde los sistemas de relajación al empleo de la visualización y la reestructuración cognoscitiva del deportista resultan importantes que sean domina­dos por este y el entrenador.


H) El clima psicológico en los deportes de equipo. La influencia enorme de este factor está conectada con la posibilidad o no de metas comunes por parte de los miembros del equipo y por un nivel adecuado de entrenamiento.
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