Página principal

Autores: Dr. Ricardo de la Vega Marcos


Descargar 0.74 Mb.
Página8/13
Fecha de conversión09.07.2016
Tamaño0.74 Mb.
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   13

Gráfica 7.2. Guía de Observación de Harre (1971 p. 73)
Son aspectos a considerar, además, el grado de entusiasmo de los miembros del equipo, la atención que brindan a las orientaciones del entrenador, su nivel de compresión de las mismas, el tiempo que emplean para relajarse durante y después de la sesión de entrenamiento. Hay que destacar que la ausencia de depresión y abatimiento y la no-fijación de la atención sobre el agotamiento y lo que es mejor aún un buen humor y alegría a pesar del agota­miento es un índice de seguridad, con la que es imprescindible hacer el trabajo, que este se ejecuta con una buena dirección de las cargas y que debe conducir a resultados positivos.
Un método importante para la exploración del estado del depor­tista esta relacionado con los auto-reportes que realizan a partir de las pruebas psicológicas; ya señalamos como en las emociones es importante conocer lo que siente o padece el sujeto. En este sentido se emplean varias pruebas psicológicas basadas en escalas de valoración, de entre las cuales utilizamos, durante un largo período de tiempo, el “Método para el Registro de Estados Vivenciales Actuales” de Mathesius (1976), que permite registrar el estado de ánimo o valoración emocional, la actividad y estado físico del deportista. La prueba consiste en 24 adjetivos polarizados por su significación y una escala valorativa.
El empleo de diferenciales semánticos de este tipo nos llevó, junto con Fernández Leonard (1987), a la elaboración de una prueba que fuera más afín a los requerimientos de nuestra investigación, prueba que consta de 16 adjetivos y cuatro escalas para su clasifi­cación, en donde introducimos las anteriores de Mathesius.
En la actualidad encontramos muy provechosa la utilización del test P.O.M.S. de, D. Mc Nair y colaboradores (1971), que emplean, dentro de esta temática de forma profusa, W. Morgan y colaboradores (1980), (1988) y (1989). Una revisión de la bibliografía sobre la prueba puede encontrarse en LeUnes y colaboradores (1989).
Dentro de esta dirección de trabajo también colocamos en uso el Test de Ansiedad de. C. D. Spielberger (1970), sobre todo su escala de estado de ansiedad que permite registrar una amplia gama de reacciones por parte del deportista. Una contribución a la valoración de las reacciones emocionales vinculadas a la práctica de los ejercicios lo podemos alcanzar mediante el estudio de los trabajos de Borg (1989) y el empleo de su escala para la valoración del esfuerzo percibido.
En el campo experimental, con el objetivo de reflejar las reac­ciones emocionales a partir de sus componentes psicofisiológicos, empleamos el registro de la frecuencia cardíaca tomando sobre todo los valores básales al despertar y antes de comenzar y al final del entrenamiento, analizando además su variabilidad.
Algunas experiencias se desarrollan mediante pruebas de tiempo de reacción a un estímulo simple antes y durante las sesiones de entrenamiento y por último también se emplea la frecuencia de centelleo por medio del “Flicker”. Estas pruebas permiten llegar a una valoración del grado de activación y cansancio durante los entrenamientos si bien, como justificaremos en el Módulo 3.7., consideramos de vital importancia que contrastemos estos resultados con los producidos en el propio contexto del entrenamiento y de la competición.
Utilizamos, también, los métodos de análisis del producto de la actividad, los que resultan relativos a cada una de las modalida­des deportivas y se vinculan a las formas pedagógicas de valora­ción de los resultados. Algunos de los principios generales empleados en el análisis se relacionan con la efectividad de las acciones y el número de errores, así como la cantidad de repeticiones necesarias para la ejecución correcta de un ejercicio.
Los métodos de análisis del producto de la actividad deben ser complementados con las elaboraciones personales de los deportistas considerando las explicaciones que brindan acerca de sus acciones y decisiones durante los entrenamientos.
Finalmente, sobre este aspecto, debemos señalar: Si antes de una carga habitual, ni muy alta ni muy baja, de entrenamiento, lejos del máximo volumen e intensidad en el deportista se mani­fiestan signos evidentes de tensión psicológica, sus causas es necesario buscarlas en factores tales como:
1. Clima psicológico desfavorable, presencia de conflictos entre los deportistas o con el entrenador.

2. Disminución de la disposición a entrenar.

3. Situaciones de conflicto o frustración en otras áreas de la actividad del deportista.

4. Cambios provocados en la motivación o en el sistema de valores del deportista.


7.4. Sistemas de Intervención Psicológica de Afrontamiento del Dolor.
Respecto a los sistemas de intervención psicológicos que se emplean para ayudar a resolver los problemas emocionales deriva­dos de las cargas intensas de entrenamiento deben considerar dos aspectos de estas respuestas del deportista:
- El estrés agudo que se manifiesta en el desarrollo de las cargas intensas con síntomas de dolores agudos, sensaciones de cansancio y “discomfort”.

- El estrés crónico que da origen a trastornos psicológicos como resultado de la monotonía y la repetición en el entrenamien­to. De acuerdo con estas dos situaciones así deben ser empleados los métodos de intervención.


En nuestro caso, abordamos el estrés agudo mediante estrategias cognitivas en el proceso de la actividad y el crónico por medio de técnicas de relajación que incluyen ejercicios respiratorios y la música. En este sentido, en el próximo módulo vamos a explicar el abordaje mediante técnicas cognitivas para enfrentar el dolor y el discomfort, así como las técnicas de relajación y otras de las mencionadas.
El estrés agudo aparece con frecuencia en deportes de carácter cíclico o repetitivo, por ejemplo, las carreras. Los corredores emplean estrategias cognitivas tanto asociadas a las acciones que realizan como disociativas para poder sobre pasar el dolor o durante la fatiga. Weinberg y cols. (1999), investigaron que la concen­tración en la técnica es la estrategia más prominentemente em­pleada para soportar el dolor y el discomfort. El deportista debe dirigir su atención a la técnica manteniéndose vigilante de las acciones, "situarse correctamente", "mover las manos", etc. En suma, deben estar constantemente visualizando sus acciones, sus res­puestas sensoriales en la ejecución y la posición del cuerpo. Se trata de mantener y corregir la técnica cuando y donde aparece el dolor.
Las técnicas disociativas incluyen atender a estímulos periféri­cos tales como la dirección del viento, frescor del aire, ruido, etc. Las técnicas disociativas conllevan el empleo de pensamien­tos para distraer, imágenes, canciones, frases repetidas, y otros. La actitud frente al dolor, asimismo, le corresponde en estas estrategias una determinada importancia. Aun cuando las técnicas de afrontamiento son altamente individuales emergen algunos patrones comunes y que tienen un resultado efectivo. El corredor es capaz de incrementar su tolerancia al dolor agudo manteniendo una interpretación positiva del mismo. Se establece para él que: “vas a comenzar a entrenar cuando tú comiences a sentirte dañado o destruido", "yo necesito al dolor”, “el dolor significa que estoy poniendo todo en el entrenamiento".
Por medio de autosuges­tiones de esta naturaleza el deportista debe llegar a la concep­ción que el dolor no sólo es necesario sino también deseable para lograr una alta asimilación de las cargas de entrenamiento.
Meichenbaum (1977, 1985), plantea cuatro fases de preparación para el dolor que admiten su aplicación al deporte. Estas son:
1. Preparándose para el dolor. Deben de darse instrucciones que le indiquen al deportista que será capaz de manejar la fase del dolor, por norma: "Has desarrollado un plan para manejar la fatiga". "Empieza a concentrarte en los detalles de la técnica". "Tienes muchos recursos que puedes utilizar". "Los demás partici­pantes también están sufriendo tanto como tú, pero tú tienes una estrategia".

2. Enfrentándote y manejando el dolor. Esas indicaciones ini­cian la secuencia de acontecimientos para tolerar el dolor, por ejemplo: "Vas a aguantar esto". "Ve paso a paso por cada paso de la estrategia".



"Pensar en las estrategias es más importante que pensar en el dolor." " El dolor es una señal para concentrarte lo más fuerte que puedas"; (más que nunca). "De la señal para concentrarse en la eficacia de la técnica".

3. Afrontando las sensaciones de dolor en los momentos críti­cos. Las sensaciones de fatiga aparecen periódicamente a lo largo del esfuerzo y pueden actuar como distracciones. Es necesario manejar las distracciones y volver a centrarnos en la tarea, por muestra: "El cansancio es una señal para trabajar en punto técni­co" "¿Qué haré? " "Si que duele, pero puedes aguantarlo si te concentra en la técnica". "Usar la estrategia te ayudara a mante­ner el control".

4. Auto indicaciones reforzantes. Una vez cesada la actividad estresante debe hacerse algún auto refuerzos. "Concentrar­se en la técnica sí que puede ayudar". "Lo puedes hacer incluso mejor la próxima vez".
Por otra parte, llamamos estrés crónico a las respuestas del organismo que tienen un carácter lento, diferido a las cargas intensas de entrenamiento y que dan lugar a reacciones emocionales descritas aquí, como la expresión emocional de la fatiga y el agotamiento. En este sentido, señalamos el empleo de las técnicas de relaja­ción, que permiten llegar a una mejor recuperación del deportis­ta, equilibrar su descanso y el sueño, que en muchas ocasiones se ve alterado en estos estados de agotamiento.
7.5. Recomendaciones para los Deportistas y Entrenadores.
Un conjunto de recomendaciones puede ser llevadas a cabo por el deportista para facilitar el tránsito por esta etapa de la preparación deportiva:


  1. Reconocer que la tensión y el “discomfort” forman parte del entrenamiento, es una señal de que las "cosas" marchan y darán lugar a una capacidad de trabajo superior.

  2. Centrar su atención en las metas que debe alcanzar en el proceso de entrenamiento, imaginar su satisfacción cuando logre resultados superiores en las competiciones o alcance el dominio de la técnica y táctica.

  3. Llevar a cabo auto mandatos que lo estimulen al cumplimiento de la tarea.

  4. Utilizar el apoyo de la presencia en las sesiones de entre­namiento de familiares y amigos y otras personas que facilitan el entusiasmo del deportista.

  5. Mantener un estado de ánimo jovial y alegre.

Gorbunov (1988 p. 54), extiende un conjunto de recomendaciones para los entrenadores donde incluye:




  1. Un cierto grado de la tensión psíquica excesiva en el máximo de la carga de entrenamiento es una consecuencia lógica del proceso de entrenamiento correctamente estructurado. La plena ausencia de los síntomas de la tensión psíquica excesiva significa que el deportista podría soportar una mayor carga física y un régimen deportivo más rígido.

  2. El entrenador debe tener presente que a la hora de aparecer los síntomas de la primera fase de la tensión excesiva, hay que corregir en lo fundamental las relaciones y la conducta del deportista, tal vez, incluso, cambiar su régimen, pero nunca la carga de entrenamiento. El deportista debe conocer la necesidad de experimentar estos estados y estar seguro de que se recupere rápidamente en el período de reducir la carga.

  3. Al aparecer los síntomas de la segunda fase de la tensión excesiva, el entrenador debe revisar la carga planificada de entrenamiento y el sistema de recuperación del deportista.

  4. Si se revelan los síntomas de la tercera fase de tensión psíquica excesiva, ello significa que el entrenador ha cometido errores graves en la preparación del deportista. En este caso, el deportista debe pasar a un proceso de recuperación que en muchos casos no logra su regreso al deporte.


7.6. Consideraciones Finales: El “Burnout”.
En suma, las respuestas a las cargas de entrenamiento son muy complejas, como se señala, hay circunstancias que desencadenan el estrés agudo dentro de la propia ejecución de las tareas deportivas, existe el cansancio y la fatiga fruto de las cargas que se realizan en la unidad de entrenamiento, y la fatiga crónica y síndrome de sobreentrenamiento deportivo.
La fatiga sub-aguda ocurre posterior a uno o más microciclos relativamente intensos, con poca recuperación y acumulación de fatiga residual. Bien planificado conduce a la súper compensación. Tiene efecto sistemático y pudiera ser patológica. La fatiga crónica aparece después de varios microciclos o durante un microciclo. Tiene consecuencias sistémicas y patológicas de deterioro orgánico global. Nos puede conducir al síndrome de sobreentrenamiento deportivo.
Como ya sabemos, el síndrome de sobreentrenamiento es una respuesta psicobiológica compleja a una sobresolicitación continuada que puede responder a la acción combinada o no de múltiples estresores relacionados no solo con las cargas de entrenamiento, sino con la competición y el ámbito de vida del deportista. R. Cohen Grinvald (1998).
Los síntomas del sobreentrenamiento comprenden: Bajo rendimiento, depresiones (pérdida de interés, conducta competitiva, pérdida de libido), pérdida de peso y apetito, aumentada ansiedad e irritabilidad, fatiga, perturbaciones del sueño, dificultad para conciliarlo, pesadillas, despertarse durante la noche, y levantarse cansado, infecciones menores frecuentes, sobre todo, del tracto respiratorio superior, frecuencia cardíaca en reposo elevada y sudoración excesiva.
Las respuestas al estrés de entrenamiento y competición pueden incluso ser más tardías y dar lugar al Burnout. Este constituye el mayor impacto de la percepción de estrés sostenido durante años participando en el deporte. El burnout se concibe como un síndrome que se expresa en el estado emocional de la persona, la cual se siente agotada, despersonalizada y reducida en su realización personal. Resulta de vital importancia realizar un diagnóstico diferencial entre el burnout y el sobreentrenamiento, ambos pueden tener similitudes en cuanto a algunas de sus manifestaciones y las causas son diferentes y por tanto, la intervención psicológica para su desaparición, también es diferente.
H. J. Freudenberger (1974) es el primer autor que empleó el concepto de “burnout” para expresar las manifestaciones del síndrome en aquellos profesionales que tienen un contacto intenso con sus clientes, sobre todo, en el campo de las organizaciones. C. Maslach, y S. E. Jackson (1981 y 1986), llegaron a definir el síndrome de “burnout” a partir de los síntomas que lo acompañan, destacando actitudes negativas, insensibilización, culpa, fatiga, insomnio, dolores de cabeza, incremento de la vulnerabilidad a las enfermedades virales, problemas digestivos, abuso de alcohol, drogas, problemas de sociabilidad, deseos de no trabajar, autoestima reducida y deterioro en los procesos cognitivos donde resalta la dificultad para la concentración de la atención.
C. Maslach, y S. E. Janckson, (1981) ampliaron el campo de la investigación a otras áreas de la actividad humana, incluyendo el deporte, donde se inició la investigación con deportistas gracias a los trabajos de, D. A. Feigley, (1984). L. K. Fender, (1989) propuso definir el “burnout” en el deporte como una reacción al estrés de las competiciones cuyos síntomas principales son: agotamiento emocional, actitud impersonal hacia los demás y disminución del rendimiento.
A partir de los años 90 se realizaron un conjunto de investigaciones sobre todo en el sector del deporte infantil y juvenil por D. Davies y M. Armstrong (1991), J. J. Coakley (1992) y Garcés y Ruiz (1993), tratardo de identificar los factores que contribuían al surgimiento de este síndrome, su evolución y cómo afectaba a la motivación por participar en el deporte y, además, su importancia como precipitante del abandono de la actividad. Siguiendo, estas líneas de investigación se avanza, al mismo tiempo, en el desarrollo de modelos teóricos del “burnout”, en los estudios, de R. E. Smith (1986), G. W. Schmidt y G. L. Stein (1991) y J. J. Coakley (1992), que, de igual forma, estudiaron las consecuencias del burnout en deportista y las estrategias de intervención y prevención por J. E. Loehr, y F. Festa (1994).
Por lo tanto, no sólo las cargas de entrenamiento de gran volumen e intensi­dad causan reacciones emocionales. Como hemos señalado, otras condiciones de la actividad deportiva generan emociones de carác­ter muy fuerte y de diversa duración, es por ello que le dedicamos el próximo capítulo.

CAPITULO 8. EL CONTROL EMOCIONAL ANTE LA EJECUCIÓN DE SITUACIONES “AMENAZANTES”
8.1. Cuestiones Preliminares: Las emociones ante la ejecución de ejercicios difíci­les y peligrosos que provocan miedo.
La actividad exige, a menudo, rendimientos complejos de coordi­nación, cuya ejecución puede estar relacionada con grandes obstáculos y con circunstancias que se valoran de peligrosas. Las sensaciones agradables que acompañan la ejecución de los movimientos se incrementan cuando el deportista debe resolver tareas difíciles. Al respecto, P. A. Rudik (1974 p. 24) carac­teriza estos fenómenos al escribir: "La sensación de triunfo vivida durante los ejercicios físicos difíciles se basa frecuentemente sobre el vencimiento del miedo que surge como consecuencia de la ejecución de las acciones deportivas en condiciones complejas y difíciles. En un deportista experimentado que domina la técnica no se desorganiza el compor­tamiento mediante la conciencia del peligro y la sensación de miedo existente, sino que éstos causan una corriente de fuerza, dirigida al vencimiento de los peligros. En el deportista existe el ansia de vivir nuevamente la sensación específica de riesgo, en la cual el elemento miedo motiva con su vencimiento la sensa­ción de alegría o placer, ya que ello va acompañada por la con­ciencia de la propia capacidad y de la propia fuerza, que lo capacita para vencer el obstáculo peligroso. Este ejemplo demues­tra, muy claramente, el efecto recíproco de los procesos voliti­vos y las emociones y de las cualidades del deportista en la actividad”.
H. Ilg (1974), señala que el comportamiento valeroso o cobarde en el deporte está unido, la mayoría de las veces, a situaciones o requisitos que se sienten como peligrosos. Nume­rosos deportes se caracterizan, por eso, de manera que sus es­tructuras de requisitos manifiesta un grado de peligrosidad y la posibilidad también, de una lesión física eventual. Estos se cumple, por ejemplo, en el caso de la gimnasia, con muchos ejercicios que se ejecutan por primera vez. En otros deportes también se dan situaciones de peligro y donde el deportista puede ser duramente golpeado por la pelota o por un implemento incluso directamente por el contrario, aun cuando las reglas lo prohíben.
No obstante, la valoración que surge en el proceso del reflejo de la peligrosidad o dolor de un ejercicio son siempre subjeti­vos, independientemente de si existen realmente o no. Esta valo­ración de la situación por el deportista depende de la valoración que realice acerca de sus propias capacidades en relación con las exigencias de la actividad, su percepción de la dificultad, experiencia ante situaciones semejantes y también en dependencia de la actitud hacia el entrenador. Por último, debemos señalar que el vencimiento de las situaciones de peligro por el deportista, depende del grado de desarrollo de las cualidades de la persona­lidad y de manera especial contribuye en esto su temperamento.
8.2. La Respuesta del Miedo.
Entre las sensaciones que aparecen en las situaciones de peli­gro tenemos el miedo. El entrenador debe hacer un tratamiento especial de esta reacción si no quiere que los resultados de la preparación sean exiguos. El miedo es una reacción emocional compleja con respecto a la percepción, valoración y conciencia del peligro. Se fundamenta sobre una amenaza real o supuesta en la realización de la activi­dad.
El miedo es, a diferencia de la frustración, un peligro espe­rado y no real y se relaciona con condiciones que uno considera subjetivamente peligrosa pero vencibles. Con el conoci­miento de la no-peligrosidad de un ejercicio, se pierde también, nuevamente, la sensación de miedo. Éste no es, por consiguiente, un estado general ni una cualidad congénita del individuo, sino condicionada como causa situacional. No existe miedo como tal, sino miedo ante algo.
Las circunstancias que originan el miedo presentan caracterís­ticas especiales para cada deporte. El miedo a la competición, por ejemplo, depende de lo específico de cada deporte y de las condiciones y significado de la competición.
Las condiciones siguientes motivan, habitualmente, el miedo:


  • Las situaciones del rendimiento que señalan una vivencia temprana desagradable, por muestra, una lesión seria, críticas delante del resto de los compañeros de equipo por no poder vencer las exigencias de la actividad, unido con la pérdida de presti­gio, y otras.

  • Situaciones que se van por encima de lo habitual y de lo normal. Entre ellas tenemos las ejecuciones sin éxito de los ejercicios y que se observan en otros deportistas, los dolores expresados mediante la mímica o palabras, por lesiones visibles, así como la transición de los ejercicios sin el auxilio de al­guien o sin una posición de seguridad.

En resumen: el miedo, en cada individuo, resulta un fenómeno que está unido esencialmente a los procesos de aprendizaje y, por consiguiente, está determinado socialmente. Constituye una cuali­dad sensorial que posee la función de una señal de advertencia y motiva a aminorar una situación dada, o enfrentarse con ella de una manera superior y hegemónica.


8.3. Manifestaciones neurovegetativas del miedo.
Las manifestaciones neurovegetativas que acompañan el miedo se pueden describir de la forma siguiente:

  • Aumento de la actividad cardíaca (se eleva la presión sanguí­nea, el pulso es más rápido).

  • Aumento de la frecuencia respiratoria.

  • Aumento de la sudoración.

El aumento de la excitación conduce, habitualmen­te, a un aumento de la actividad, para de esa manera preparar al organismo a vencer la situación requerida. A menudo, sin embargo, se observa lo contrario. El estado de excitación origina, enton­ces, una pérdida del domino propio y falsas reacciones. El depor­tista pierde la destreza requerida por la acción, se rebasa o adelanta. Se afecta la coordinación de los ejercicios de manera notable.


Los estados de miedo son inhibidores del individuo, dan protec­ción respecto a los estímulos inhabituales y que señalan, la mayoría de las veces, un peligro desde el medio interior o exte­rior. El miedo presenta una amplia escala de grados las cuales se han descrito desde el temor, shock, cobardía, preocupación, etc. Los deportistas deben de analizar conjuntamente con el entrenador, los peligros evitables, reconocerlos y aprender correctamente el comportamiento motivado, y, de esa manera, vencer el miedo o disminuirlo.
En dependencia del grado de intensidad, existen una serie de características externas del miedo típicas en el comportamiento del deportista que debe ser observadas por el entrenador:


  • La desgana es signo característico de miedo. Los deportistas se dirigen lentamente hacia el aparato y no demuestran ninguna alegría por realizar los ejercicios y quisieran hacer otra cosa.

  • Manifiestan tendencias de oposición. Los gimnastas rechazan categóricamente realizar el salto de caballo, por ejemplo, en gimnástica, ya que no se quieren romper "la rodilla", y hablan de "exigencias imposibles".

  • Otra señal importante de miedo está en la vacilación prolon­gada antes de la ejecución de los ejercicios peligrosos. Se nota como el tiempo de concentración para la ejecución inmediata se eleva en los gimnastas que presentan miedo.

  • Bajo la influencia del miedo se observan, frecuentemente, trastornos de la coordinación del movimiento.

B. N. Smirnov (1984), plantea en un estudio sobre las manifesta­ciones emocionales y volitivas de los gimnastas en una situación experimental de riesgo algunas de las características de los gimnastas que presentan miedo o no en sus ejecuciones. El experimento colocaba al gimnasta parado en la posición básica en una plataforma de 125 cm. de altura proponiéndole reali­zar una caída hacia atrás de espalda al piso. Al experimentado le fue notificado que, durante la caída, era necesario conservar la posición del cuerpo recto y que a él lo agarrarían aseguradores, cuando el cuerpo pasara a estar horizontal. Cada uno realizó la caída 5 veces. La tarea se escogió porque era simple y no requería técnica ni esfuerzo físico y al mismo tiempo presenta determinada amenaza para la seguridad del gimnasta, por ello la tarea estaba acompa­ñada de tensión psíquica (gráfica 8.1).



Intentos





Indicadores

1

2

3

4

5

1. Calidad de la caída

90/50

96/70

100/76

100/84

100/92

2. Autovaloración del miedo.

48/34

68/54

97/74

94/82

100/83

3. F.C.C. después de la comunicación de la tarea

128/126

126/134

115/128

112/123

116/127

4. F.C.C. inmediatamente antes de la caída.

168/171

164/165

156/164

159/162

156/164

5. F.C.C. en el momento de la caída.

176/184

171/179

169/171

167/180

163/176

6. F.C.C. después de la caída.

126/159

124/138

122/140

126/140

124/132

7. Tremor.

114/120

133/150

113/150

116/143

121/143

8. Reacción.

132/170

119/131

120/141

117/144

108/135
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   13


La base de datos está protegida por derechos de autor ©www.espanito.com 2016
enviar mensaje