Página principal

Autores: Dr. Ricardo de la Vega Marcos


Descargar 0.74 Mb.
Página7/13
Fecha de conversión09.07.2016
Tamaño0.74 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   13

Refuerzo


positivo

Castigo


positivo
Recompensa Estímulo Aversivo

Presentación


Castigo

negativo

Refuerzo negativo


Retirada


Gráfica 6.1. Diferenciación de los diferentes tipos de castigos y de refuerzos en función de la aplicación/retirada de estímulos aversivos/apetitivos.
Como se puede apreciar en la gráfica superior, las diferencias principales serían:


  • El refuerzo negativo, como ocurre con el positivo, se aplica para aumentar la probabilidad de que ocurran esas conductas que se refuerzan, mientras que el castigo se aplica para disminuir la probabilidad de que vuelvan a ocurrir esas conductas que se castigan.




  • El refuerzo negativo se ofrece cuando el deportista emite una respuesta correcta, mientras que el castigo se realiza cuando emite una conducta inadecuada.




  • Para que señalemos que el entrenador ha aplicado un refuerzo negativo, el deportista tiene que estar bajo una estimulación aversiva -lo que el entrenador hace al dar un refuerzo negativo es retirar un estímulo aversivo-; mientras que esto no tiene porque ocurrir al aplicar un castigo.


6.5. El valor subjetivo de los refuerzos y de los castigos.
Como mencionamos anteriormente, nada tiene valor fijo de refuerzo o castigo, para uno lo que puede actuar como reforzador, para otro lo puede hacer como castigo. La mejor forma de saber qué funciona con cada jugador es a través del conocimiento de lo que les gusta y lo que no les gusta. Y una forma de obtener esta información es a través del cuestionario que presentamos a continuación:
CUESTIONARIO DE REFUERZOS EN EL DEPORTE
Recompensas sociales

Marca con una señal los tipos de aprobación que te gustaría que tu entrenador mostrara contigo:

( ) Signos faciales (sonrisas, inclinaciones de la cabeza, guiños, etc)

( ) Señales con las manos y el cuerpo (aplausos, señal del pulgar hacia arriba, etc)

( ) Contacto físico (palmada en la espalda, abrazo, apretón de manos, etc)

( ) Alabanzas (eres muy listo, eres una persona simpática, etc)

( ) Elogios de las destrezas deportivas (tienes un buen regate, tiras muy bien, etc)

( ) Otras _____________________________-


Recompensas de actividad

¿Qué actividades te gustaría hacer más a menudo en los entrenamientos?

1. ____________________________ 3. __________________________

2. ___________________________ 4. __________________________

(Ejemplos pueden ser jugar partidillos después de los ejercicios de entrenamiento, cambiar las posiciones del equipo, etc)

Excursiones como recompensas

Marca con una señal lo que te gustaría hacer con tu equipo

( ) Ir al cine

( ) Ser visitados por deportistas profesionales

( ) Ir a ver partidos de fútbol de los profesionales

( ) Ir a ver entrenamientos de futbolistas profesionales

( ) Organizar fiestas de equipo

( ) Pasar un día juntos en algún sitio que todos quisiéramos ir

( ) Ir de acampada

( ) Otros acontecimientos y actividades ______________________


Recompensas materiales

Marca con una señal lo que te gustaría tener

( ) Sudadera del equipo

( ) Copa o trofeo

( ) Todo tipo de ropa deportiva identificativa del equipo

( ) Foto del equipo

( ) Otros ________________________
Gráfica 6.2. Cuestionario de refuerzos en el deporte (Tomado de González, 1996)
6.6. Consecuencias del uso de los refuerzos y castigos en los deportistas.
Estas consecuencia pueden verse, sobre todo, en dos variables esenciales: en el aprendizaje de las destrezas deportivas y en la motivación de los deportistas para seguir practicando su deporte favorito.


  • Aprendizaje. En cuanto al aprendizaje parece que funciona mejor la administración de refuerzos que de castigos. De hecho, anteriormente hemos mencionado que los castigos no deben utilizarse cuando los deportistas cometen errores de ejecución.

El entrenador debe tener en cuenta que al principio, cuando un deportista está aprendiendo una habilidad nueva, va a cometer muchos errores y, por tanto, se hace necesario reforzar todos los aciertos e ignorar algunos fallos. En habilidades más complejas, lo que parece ofrecer mejores resultados es dividir la habilidad en pequeños pasos e ir recompensando esos pequeños pasos. Una vez que la habilidad concreta ha sido bien aprendida ya no tiene sentido recompensar al deportista cada vez que ejecuta la respuesta bien aprendida, pero sí la utilización de refuerzos intermitentes cada cierto número de aciertos (de cara a que la respuesta bien ejecutada no se extinga y si permanezca en el tiempo).


Por otra parte, el efecto del castigo sobre el aprendizaje de las destrezas deportivas es bastante negativo. El castigo funciona activando el miedo al fracaso o al fallo del deportista, de ahí su efecto indeseable: el deportista necesita aprender de sus errores y no exactamente aprender a temer la reacción del entrenador cada vez que los comete. Si un deportista solo hace las cosas que sabe hacer muy bien por miedo a que el entrenador le critique, dejará de intentar otras que no domina y parará en cierta medida su progreso deportivo.


  • Motivación. El refuerzo es una herramienta o técnica que el entrenador puede utilizar para motivar a sus deportistas, eligiendo aquellos reforzadores que resultan más eficaces con ellos.

En este punto es importante hacer algunas puntualizaciones. Si un deportista está motivado extrínsecamente, indudablemente son los refuerzos externos que recibe su principal causa o razón de práctica del deporte y, por tanto, si no los recibe dejará de competir. Por el contrario, si un deportista está motivado internamente (por ejemplo el que compite por puro placer o por demostrarse su competición a si mismo) ¿qué pasa con él?.


Los primeros investigadores consideraron que las recompensas harían que esa motivación interna se incrementase y, por lo tanto, que el deportista se implicaría aún más. Si bien este razonamiento parece lógico y coherente, posteriores investigaciones mostraron efectos contradictorios y parecían encontrar que la motivación interna disminuía en los deportistas si recibían recompensas por su práctica deportiva. Veamos con un excelente ejemplo ilustrativo, tomado de Weinberg y Gould (1996), qué es lo que sucede:
Un viejo vivía en una finca en el campo. Allí quería vivir en paz y tranquilidad, pero algunos jóvenes venían a jugar al béisbol a su magnífico terreno y lógicamente hacían mucho ruido. Después de echarles una y otra vez de su propiedad, el hombre eligió una táctica distinta. Un día cuando aparecieron los chicos en lugar de echarles, pidió hablar con ellos. Les dijo que era una persona solitaria y que, en realidad, le gustaba que vinieran a jugar al béisbol, hicieran ruido y se divirtieran. Así que les ofreció pagarles 25 centavos a cada uno cada vez que jugaran en su propiedad, ante lo cual los chicos pensaron que era demasiado bonito para ser cierto: ¡Cobrar por jugar al béisbol!. Al cabo de un par de días el viejo apareció y pidiendo excusas, les explicó a los jóvenes que no tenía suficiente para pagarles a cada uno un cuarto de dólar (vivía sólo de lo que cobraba de la seguridad social), pero que con mucho gusto les pagaría 15 centavos. Los chicos siguieron pensando que esto todavía era estupendo, pero unos días más tarde el hombre tuvo que reducir la asignación de nuevo hasta llegar a 10 centavos. Por último después de algunos días, les dijo a los chicos que no podía pagarles más de cinco, a lo que éstos, indignados respondieron: “¿pero quién se ha creído que es?, ¡No vamos a jugar en su finca por sólo 5 centavos!”. Y se fueron enfadados para no volver nunca más.

(Tomado de Weinberg y Gould, 1996)
Al principio, los chicos que jugaban al béisbol en la finca del anciano estaban motivados intrínsecamente, sólo por el placer de divertirse, pero esta motivación se transformó en extrínseca cuando éste les ofreció dinero por ello. En cierto sentido, el dinero acabó controlándolos en la medida en que se convirtió en la razón principal de la actividad, sustituyendo al simple disfrute del juego. Como consecuencia, lo más representativo de este ejemplo es la necesidad de conocer los efectos positivos o negativos que tienen algunos reforzadores, como por ejemplo el dinero, sobre la motivación de los deportistas. Lo que en principio puede resultar grato porque se percibe como un reconocimiento al trabajo realizado, puede pasar a convertirse en algo indeseado por la interpretación de que quieren controlar lo que se hace y sentirnos controlador, como es lógico, no suele gustar.
TERCERA PARTE

EL CONTROL EMOCIONAL EN EL ARD

INTRODUCCIÓN

El deporte es una actividad compleja donde se pone de manifiesto la personalidad de los participantes, el estudio de los distintos elementos de la interrelación del hombre con la actividad deportiva y su sentido psicológico está en la base de los trabajos e investigaciones desarrollados por los psicólo­gos en el deporte. En este sentido, un lugar especial lo ocupan las relaciones de la naturaleza refleja de los procesos afectivos del deportista para la comprensión de los mecanismos regulativos de su personalidad.


La importancia de este planteamiento podemos analizarlo en las emociones. Éstas aparecen como resultado de la implicación del deportista en una relación social dada por la actividad deportiva, que afecta a su sistema de necesidades de una forma u otra. Las emociones, definidas como reacciones psíquicas de intensi­dad particular, actúan a la vez sobre la conducta motora y van acompañadas sobre todo de fenómenos orgánicos, especialmente de naturaleza neurovegetativa, por lo que pueden influir de manera notable sobre el grado de esfuerzo que se debe realizar y, por consiguiente, sobre el resultado de los rendimientos, pueden estimular al deportista y movilizarlo para que se aplique al máximo de sus fuerzas o, por el contrario, disminuir su potencial o convertirlos en indiferentes y sin energía.
Por estos motivos, es necesario tener en cuenta la significa­ción y eficacia de las emociones, tanto en el proceso de entrenamiento, como en las competiciones, puesto que asumen una función de dirección sobre el comportamiento. En este sentido, González Rey, F. y A. Mitjans, (1989), indican que la idea, reflexión o valoración sobre algo, se construye sobre la base de las emociones como manifestación de nuestros motivos. En otras ocasiones, las emociones aparecen como resultado de un proceso reflexivo y valorativo, que nos conduce a incluir un hecho en los marcos de un motivo de nuestra personalidad.
Toda emoción tiene por lo menos unos cinco aspectos que pueden ser analizados:


  1. El primero es la experiencia emocional personal: aquella característica de la emoción que una persona siente, conoce y puede describir verbalmente.

  2. El segundo aspecto son los cambios fisiológicos o corporales que ocurren en el momento de la emoción y la acompañan durante su curso, tales como la alteración de la presión sanguínea, la frecuencia cardíaca o la respiración, los cuales se ven alterados en sus valores normales.

  3. El tercer aspecto es la conducta de la persona emocionada, cómo actúa y qué hace.

  4. El cuarto aspecto se relaciona con los procesos cognitivos que se alteran a partir de las reacciones emocionales.

  5. Y por último, el quinto aspecto es la motivación, ya que un organismo emocionado es un organismo orientado hacia un fin.

En este sentido D. Samulski (1992), resalta que las emociones ejercen dos funciones básicas:


1. Orientar y controlar las accio­nes. Por ejemplo, los deportistas orientados al fracaso planifi­can sus acciones en forma diferente a los orientados al éxito.

2. Una función energética. Por ejemplo, un depor­tista alegre participa con más actividad en el entrenamiento que uno no motivado.


Las emociones surgen como consecuencia de las percepciones y valoraciones del sujeto que le permiten vincular los aconteci­mientos del medio con la satisfacción o no de sus necesi­dades o motivaciones. Las emociones negativas germinan cuando en las apreciaciones del sujeto aparecen señales amenazadoras, conflictos o frustra­ciones. Mientras más intensos sean estos elementos valorativos, más fuerte son las reacciones emocionales; por ejemplo, en el proceso de regulación de las acciones, las emociones se relacionan frecuentemente con las decisiones antici­padas de las acciones, con el trayecto y resultado de la acción.
Como se puede comprobar, los procesos cognitivos del pensamiento también desempeñan un papel de gran importancia en el desencadenamiento de las reacciones emo­cionales. Así, por ejemplo, las sensaciones de miedo o de seguridad en la realización de un ejercicio por parte del deportista se rela­cionan siempre de acuerdo con el juicio que tenga de la situa­ción, en dependencia de su estado físico y psíquico y posibilida­des físicas, técnicas y tácticas, incluyendo la percepción del grado de dificultad que presen­ta la tarea.
Por otra parte, debemos considerar que las emociones no deben considerarse de forma aislada, sino vinculadas lo más estrechamente posible con toda la personalidad y en ellas influyen todos los procesos y cualidades. En el momento en que las reacciones emocionales se establecen, comienzan a mediatizar las particularidades de la persona­lidad del deportista y, a la vez, a ser mediatizadas por estas en una verdadera interacción.
Entre las formaciones de personalidad que presentan un carácter mediador de las emociones tenemos el temperamento. Las emociones aparecen en todo el curso de la actividad depor­tiva, se originan, a menudo, en la práctica de los ejercicios, en las competiciones con una intensidad particular y también en los entrenamientos. Como justificaremos en el Módulo 3.7., este es uno de los aspectos que justifican la necesidad de realizar un entrenamiento psicológico en el propio campo, en donde la intensidad de las manifestaciones psicofisiológicas tienden a ser más similares a las que se producen en la propia competición.
A este respecto, las emociones van a estar relacionadas con la calidad de las cargas de entrenamiento, de manera especial cuando estas son muy elevadas. También con las vivencias de éxito o fracaso en las competiciones y con la ejecución de ejercicios difíci­les y peligrosos que provocan miedo. Existen otras circunstancias de orden particular que dan origen a reacciones emocionales, entre ellas los hechos que tipifican la historia de los deportistas, por ejemplo, las derrotas frente a un contrario determinado, las lesiones, los traumas deportivos, y otras circunstancias de la vida en el deporte.
De acuerdo con lo planteado por Rudik (1974), algunas condiciones de la actividad deportiva influyen permanentemente sobre la profundidad, volumen e intensidad de las reacciones emocionales, entre ellas tenemos:
1. Cargas de entrenamiento psíquicas y físicas muy elevadas o intensas.

2. Ejecución de ejercicios peligrosos y complejos y difíciles técnicamente.



3. Las competiciones. Antes, durante y después de las mismas.
Como último capítulo de esta tercera parte, nos parece relevante incluir un apartado referido a las repercusiones psicológicas de las lesiones deportivas, los problemas emocionales que aparecen antes, durantes y después de la retirada del deportista, pues son situaciones frecuentes en la alta competición que deben saber regularse y prepararse para poder intervenir, de un modo favorable, sobre ellas.

CAPITULO 7. LAS EMOCIONES COMO CONSECUENCIA DE LA CARGA DE ENTRENAMIENTO
7.1. Consideraciones Previas
Una exigencia fundamental de la actividad deportiva es la elevada actividad muscular. Si los requerimientos planteados en el entrenamiento son adecuados a la capacidad psicofisiológica del deportista, entonces los ejercicios y acciones originan senti­mientos de alegría y optimismo. Esto se debe al cumplimiento de los requerimientos y a la respuesta global psicofisiológica del organismo a la carga. En estas emociones se ponen de manifiesto sensaciones de seguridad en las propias fuerzas y el deportista se siente motivado a continuar con la actividad.
Cuando la intensidad del entrenamiento supera el potencial del deportista, cuestión esta que en muchas ocasiones es un requisito del entrenamiento; al ser muy elevada la intensidad de las cargas, aparecen emociones negativas como una respuesta al des­equilibrio creado al organismo. El deportista presenta sensacio­nes que acompañan la monotonía y puede llegar a la saciedad. Surgen sensaciones de desgano, disminuye la disposición a entre­nar, a esforzarse y todo ello conduce a la pérdida del nivel de entrenamiento y por tanto de los rendimientos deportivos.
Cuando la tensión psíquica originada por las cargas de entre­namiento es débil se resuelve con una adecuada recuperación. Pero una tensión fuerte y prolongada del organismo en el proceso de entrenamiento, da origen a consecuencias negativas durante un período largo de tiempo, una o varias semanas. Esta situación da lugar a emociones que se expresan en patrones de comportamiento desfavorables que deben saber controlarse y anticiparse.
7.2. Clasificación General de las Emociones como Respuesta a las Cargas de Entrenamiento.
V. M. Menilko (1987), clasificó estas reacciones a la carga de entrenamiento, a partir de una propuesta de G. D. Gorbunov (1988), en tres grados diferentes: Nerviosismo, inestabili­dad emocional y astenia (gráfica 7.1).
En general, las reacciones emocionales antes señaladas se caracterizan porque el deportista se cansa rápido ante las ta­reas, disminuye su capacidad de trabajo, presenta trastornos del sueño, falta de ánimo y vigor después del sueño y a veces dolores de cabeza, pidiéndose ver alterado el apetito.


Grado de la Reacción.

Síntomas

Nerviosismo

Comportamiento algo irritable, se manifiesta el deportista de forma caprichosa, no admite con facilidad la ejecución de las tareas, desciende el entusiasmo por cumplir la sesión de entrenamiento. En ocasiones, aparecen conflictos en las relaciones interpersonales.

Inestabilidad Emocional.

Desgana, reservas acerca de alcanzar las metas de rendimiento. Inquietud, fallas en la concentración de la atención y errores en la ejecución de los ejercicios. Depresión, quejas acerca de molestias físicas, recuperación y trastornos ligeros del dormir.

Astenia

Estado depresivo, pérdida del interés por el deporte. Rechazo al entrenamiento. Trastornos al dormir, falta de apetito. Ofuscamiento, trastornos de la atención, memoria e imagen mental de las acciones.

Gráfica 7.1. Reacciones emocionales negativas ante las cargas de entrenamiento.
Analizando cada uno de los grados de reacción emocional pro­puestos por este autor, tenemos que el nerviosismo es la etapa de “sobre tensión psíquica” en la que se manifiestan conductas que pueden ser descritas como tendencias a ser caprichoso, inestabilidad del humor, irritación intensa en ocasiones y surgimiento de sensaciones desagradables tanto musculares como interoceptivas, a veces de carácter difuso. Inicialmente, estas manifestaciones no tienen un carácter estable y aparecen de forma ocasional, si bien no llegan a desorga­nizar el comportamiento del deportista.
En general estas reacciones pueden interpretarse como una adaptación del deportista a las tensiones psíquicas y físicas que se incrementan durante el entrenamiento. El entrenador, como mencionamos en la segunda parte de este módulo, debe mantener una atención precisa a estas reacciones tratando de seguir su curso. Es necesario reforzar los sistemas de recuperación del deportista, el horario de descanso y otros procedimientos que aceleren su recuperación, es un deber del entrenador en esta etapa ser tolerante con el deportista, brindarle apoyo, reforzamiento positivamente, animarlo y estimularlo, así como explicar el proceso a que esta sometido. El entrenador debe ser hábil para corregir los caprichos del deportista y evitar que surjan conflictos en sus relaciones interpersonales. Además, hay que reforzar las cualidades volitivas del deportista que le permitan sobreponerse durante el período a los efectos negativos de las cargas intensas, y que llegue a un control consciente volitivo adecuado de sus reacciones emocionales.
La etapa de inestabilidad emocional, señala V. M. Menilkov (1987 p. 315), se manifiesta con un cambio de las emociones del deportista, de su estado de ánimo y se expresa en reacciones emocionales inadecua­das. La irritabilidad se manifiesta en este caso en la mímica y los gestos del deportista, este comienza a quejarse con frecuencia por cualquier circunstancia, cambio, dificultad u obstáculos. En ocasiones se refiere con malestar acerca de sus sensaciones físicas y psíquicas.
Las quejas y sensaciones expresadas deben ser analizadas con el deportista y se le debe ayudar a tomar conciencia de las barreras psicológicas que deben superar en esta etapa. El deportista debe saber, que los cambios en sus vivencias y conductas están rela­cionados con la sobre tensión derivada del entrenamiento, que tienen un carácter temporal y que todas estas dificultades son imprescindibles para alcanzar un potencial físico y psíquico de rendimiento superior.
En este grado de reacción, la excitabilidad del deportista es elevada. Pierde en ocasiones el autodominio, se enfurece, tiene problemas interpersonales agudos con el entrenador o algún miem­bro del equipo. Se convierte en una persona intolerable. Puede presentar un bajo nivel autocrítico. Por otra parte, algunos deportistas se sienten en estos casos poco capacitados y surgen sentimientos de minusvalía y culpa.
La inestabilidad emocional conlleva a oscilaciones bruscas de la capacidad de trabajo. En el deportista surgen pensamientos derro­tistas, prejuicios acerca del resto de los compañeros y las circunstancias de la actividad. Según V. M. Menilko (1987 p. 317), la etapa de inestabilidad emocional es un período de tránsito entre la del nerviosismo y la astenia y sin una intervención adecuada el deportista pasa inmediatamente a esta última.
La astenia se presenta con un fondo depresivo general del estado de ánimo, inquietud e inseguridad en sus fuerzas, hiper­sensibilidad a los estímulos ambientales. En esta etapa el depor­tista pone en duda las metas que se le señalan, incluso ante contrarios más débiles, las ejecuciones y los resultados se interpretan con pesimismo. Aparecen manifestaciones de miedo y ansiedad. El estado depresivo se expresa en inhibición, pérdida de interés y de los deseos habituales del deportista, falta de ánimo y alegría; rechazo al entrenamiento, dificultades en el sueño y en general para la recuperación, pérdida del apetito. Hay proble­mas en el cumplimiento del régimen de trabajo e indisciplina. Una expresión desastrosa de este estado, consiste en el momento en que el deportista manifiesta su deseo de abandonar el deporte.
El conocimiento de las posibilidades del surgimiento de estas emociones negativas debe alertar a los especialistas a analizar las reacciones emocionales negativas e interpretarlas de forma correcta buscando su origen. El entrenador que observa estas reacciones puede introducir cambios que regulen de forma adecuada las cargas de entrenamien­to. La posibilidad de emplear las reservas del deportista depen­den de la novedad de los medios aplicados en el entrenamiento, su correcta planificación y en las posibilidades de autorregulación psíquica durante la actividad, incluyendo las influencias del entrenador que modifiquen el estado psicológico del deportista ante el trabajo muscular.
7.3. El Análisis y Observación de las Cargas de Entrenamiento y su Respuesta Emocional.
El problema de la evolución del estado emocional del deportista de acuerdo con las cargas de entrenamiento debe ocupar un lugar de importancia en el control psicológico del entrenamiento.
Durante un largo período, empleamos para la valoración de las repercusiones emocionales de las cargas de entrenamiento casi todos los métodos de investigación de la Psicología del Deporte, entre ellos, la observación dirigida del deportista en la activi­dad, para lo que resulta útil la Guía de Observación de D. Harre (1971), que incluye la vigilancia de los procesos de la atención acorde con los requerimientos de la actividad; la disposición a rendir en el entrenamiento, las relaciones interpersonales, el estado de salud del deportista y el producto de la actividad (gráfica 7.2).


Indicadores

Requerimiento

Respuesta

Actividad







Atención







Disposición a rendir







Relación interpersonal.







Estado de salud






1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   13


La base de datos está protegida por derechos de autor ©www.espanito.com 2016
enviar mensaje