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Autores: Dr. Ricardo de la Vega Marcos


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Visualización


  • Persuasión

  • Establecimiento de Metas y Relajación

  • Técnicas respiratorias.

    En ambas encuestas se observa que hay diferencias en el orden de jerarquía que se le adjudica a cada intervención, siendo desigual en los autores entrevistados. Como tendencia, estas diferencias pueden llevar a pensar que se producen tanto efectos positivos como negativos con una técnica u otra, de este modo, cabe opinar, también, que otros factores más allá de las técnicas parecen incidir en el impacto que se ejerce sobre el deportista.
    Si la propensión a usar una técnica es investigada se encuentran, igualmente, resultados polémicos. Por ejemplo, J. M. Buceta (1999) afirma, de acuerdo con sus experiencias, que un método totalmente eficaz de intervención es el refuerzo positivo. Sin embargo, una revisión realizada por H. Valdés Casal, (1996) sobre las investigaciones dedicadas al estudio de la retroalimentación positiva, arrojó resultados diferentes a los expuestos por J. M. Buceta. En los trabajos de T. Horn (1987), se encontraron conclusiones que expresan: "Más que la cantidad de retroalimentación positiva y negativa, lo significativo es que sea contingente a la obtención de una meta apropiada al nivel de ejecución logrado y a las atribuciones del deportista en relación con el control personal de su realización". T. Horn (1985) mostró cómo aquellos que fueron o no reforzados verbalmente con frecuencia por el entrenador puntearon más bajo en la auto evaluación de la propia maestría que aquellos que fueron frecuentemente criticados. En realidad el criticismo fue contingente con la buena ejecución real y no así el refuerzo positivo.
    H. Valdes, (1996) arguye que T. Horn y C. Hasbrook (1987) en un estudio con deportistas de 10 a 14 años hallaron que los niños que se perciben competentes y tienen un sentido de control interno identifican el incremento de sus habilidades y la comparación con sus compañeros como las fuentes preferidas de información. Los que puntean bajos en dichas características utilizan más la evaluación de sus padres y maestros. De esta forma, se puede analizar que no existen conclusiones absolutas sobre el refuerzo positivo, de igual forma, ocurre en la literatura científica con otras técnicas de intervención.
    Como se puede comprobar, existe una gran complejidad en los mecanismos psicológicos que se ponen en juego fruto de la aplicación de una técnica, a veces, el sentido común nos lleva a formar una opinión respecto al tema y la investigación rigurosa nos muestra que resulta más complicado el fenómeno en análisis.
    2.4. Características que debe Reunir un Profesional de la Psicología del Deporte
    En esta misma dirección, algunos estudios realizados sobre las técnicas de intervención psicológica por: M. L. Smith, G. V. Glass, y T. I. Miller, (1980), J. T. Landman, y R. M. Dawes, (1982), M. J. Lambert, (1983), T. B. Karasu, (1986), E. A. Gómez. (1991), F. González Rey (1997), exponen que el éxito no depende de las intervenciones, sino de la comunicación establecida, las caracterís­ticas de las personas involucradas en la intervención, en este caso el deportista y el psicólogo, así como, la pericia del psicólogo para efectuar su labor.

    Si la relación deportista-psicólogo se define como una relación interpersonal, es lógico considerar y estudiar en forma sistemática las características personales del psicólogo, tales como:



    • La capacidad de persuasión.

    • La empatía.

    • El calor humano.

    • La autenticidad.

    Estas son características que juegan un papel trascendental en los resultados de la intervención psicológica.


    La experiencia en este campo tiende a confirmar que psicólogos, con pocos recursos y habilidades personales, tienen más dificultades que los psicólogos que no se caracterizan por estas limitaciones.
    A. Gómez (1991), enfatiza que el psicólogo que no se considera perfecto, pero que demuestra franqueza y estabilidad ante las actitudes y emociones del cliente puede actuar con una mayor libertad en sus relaciones y tener una mayor aceptación, en contraste, el psicólogo que mantiene distancia y no muestra señales emocionales o afectivas hacia la condición del cliente tiende a errar más que a acertar.
    Con relación a esto, cuando el psicólogo no experimenta sentido de bienestar y ecuanimidad, su trabajo como psicólogo sufre. Si el material que presentan las circunstancias en que se encuentra el deportista o el entrenador despiertan en el psicólogo conflictos emocionales que lo absorben completamente y lo distraen de la tarea de entender y ayudar al deportista y al entrenador, el resultado de la preparación psicológica puede ser deficiente.
    Por tanto, es importante que el psicólogo esté relativamente libre de conflictos personales para que sea capaz de implementar o cambiar tácticas y estra­tegias cuando éstas están indicadas. En suma, la salud mental del psicólogo y su poder de persuasión están entre los factores más consistentemente requeridos para hacer el trabajo con eficacia y eficiencia.
    La empatía, la autenticidad y el calor humano son los primeros factores identificados por los investigadores anteriormente citados. La flexibilidad del psicólogo, su honestidad, su habilidad para calmar la ansiedad básica y su sentido de buen humor son características primordiales.
    Las características del deportista, también, deben ser tomadas en consideración para establecer un pronóstico favorable de su respuesta a los procedimientos de intervención. Una de las tentaciones más peligrosas para el psicólogo y el entrenador está en pensar que todos pueden llegar a modificar sus actitudes y erradicar sus dificultades en el Deporte.
    En nuestra experiencia, para pronosticar un proceso aceptable en el desempeño de las intervenciones, se requiere al menos, que el deportista presente las cualidades siguientes:

    1. Grado de Educación.

    2. Responsabilidad personal y social.

    3. Capacidad para tomar relaciones interpersonales.
    4. Motivación para cambiar.

    En general, los deportistas que brindan su aceptación al trabajo de los psicólogos tienen carac­terísticas más o menos comunes. Entre ellas, grado de educación y capacidad intelectual. Los deportistas que tienen una buena capacidad para la comunicación verbal, para establecer una relación interpersonal íntima, y se singularizan por una orientación psicológica y capacidad para la auto-observación.


    Los deportistas que se identifican por poseer un cierto grado responsabilidad personal, social, y motivación para cambiar, son los que alcanzan mejores resultados en los procedimientos de intervención. Considerando los beneficios y riesgos potenciales que se presen­tan en todo intento de integración psicólogo-deportista, a nuestro modo de ver, lo más importante son la calidad de la interrelación psicólogo-deportista y la personalidad de los participantes.
    2.5. Otros Aspectos Relevantes en la Intervención Psicológica.
    A pesar de conjugar las particularidades señaladas para el psicólogo y el deportista, otros factores deben tenerse en consideración para llevar a cabo las intervenciones psicológicas, entre los que tenemos:
    1. Las características del deporte.

    2. El estilo de dirección del entrenador.

    3. Las condiciones de trabajo para el psicólogo.

    Las características del deporte establecen ciertas urgencias al tipo de intervención que se realiza. Por señalar algún ejemplo, los deportes de arte competitivo con elevadas exigencias a la coordinación motora reclaman más de procesos de concentración de la atención óptimos, programas adecuados de la imagen mental del movimiento, un grado determinado de activación y ansiedad que los deportes de resistencia donde el empleo del potencial energético del deportista y la tolerancia al cansancio y la monotonía lo constituye casi todo. El primer capítulo del Módulo 3.7. se centra, de un modo detallado, en la importancia de determinar cómo cada deporte puede definir, y de hecho así sucede, el estilo de intervención psicológica que se puede realizar.


    El estilo de dirección del entrenador también tiene una gran trascendencia, ya que la mayoría de las intervenciones psicológicas, entre ellas el entrenamiento mental, se desarrollan en las condiciones de ejercitación en el campo deportivo, donde el apoyo del entrenador resulta esencial: el mejor programa de entrenamiento psicológico no servirá para algo si actuamos aislado del entrenador y su grupo de apoyo. Esto es así, como señala G. Pérez Recio, (1992) por razón principalmente de la pérdida de información resultante.
    El psicólogo debe conocer, entre otras cuestiones, cuál es el grado de entrenamiento del deportista. Ninguna intervención psicológica puede suplir los resultados del entrenamiento deportivo. Un deportista mal entrenado o que no logra por medio del mismo el desarrollo de sus capacidades deportivas no encontrará en la Psicología del Deporte una solución a sus insuficiencias y debilidades.
    De manera que si trabajamos únicamente con el deportista obtendremos una información muy sesgada; si podemos incluir nuestra observación del entrenamiento y la competición la cosa mejorará un poco y si podemos tener intercambios de información regulares con el preparador físico, médico, fisiote­rapeuta, y especialmente con el entrenador ganaremos mucho en la información relevante de que dispondremos.
    Esto es válido tanto para la evaluación y diseño del programa, como para los avances y eficacia del entrenamiento. Parte del éxito del psicólogo en sus relaciones con los entrenadores depende de un adecuado encuadre de la tarea y de que el psicólogo brinde las respuestas que le son solicitadas.
    A pesar de estas medidas, hay entrenadores que no permiten llevar a cabo el trabajo de la forma planificada debido a sus propias características de personalidad y tener un desempeño exitoso con sus deportistas resulta de una moderación particular de estos casos.

    La mayoría de los entrenadores con los que se tiene la posibilidad de realizar intervenciones hasta sus últimas consecuencias se caracterizan por:


    1. Haber logrado de forma estable éxitos con sus deportistas.

    2. Están acostumbrados a trabajar con profesionales que apoyan la Teoría y Metodología del Entrenamiento, por norma, médicos, fisioterapeutas, nutricionistas, biomecánicos y otros.

    3. Tienen respuestas socializadas a su agresividad frente a los fracasos y la frustración.

    Es necesario conjugar todo lo señalado anteriormente para elegir el tipo de intervención a realizar. Para lo cual, se recomienda en el momento de seleccionar la intervención considerar lo siguiente:



    • Nivel de empatía logrado con el deportista.

    • Características generales de su personalidad.

    • La urgencia de reducción de un estado emocional actual muy intenso.

    • Hipótesis general que nos planteamos con nuestra intervención.

    A estos factores, les siguen un conjunto de circunstancias que son muy relevantes y que deben tenerse en consideración:



      1. Actitud del deportista hacia el método.

      2. Éxitos alcanzados en ocasión de haberla utilizado.

      3. Control de la efectividad.

      4. Objetivos que se persiguen.

      5. Complemento de un método a otro.

    Con referencia a la actitud hacia el método es imprescindible conocer las opiniones del deportista. Gran parte de los cambios que se obtengan se relacionan con la disposición del deportista hacia la técnica de intervención. Por norma, están quienes estiman que los métodos de relajación no se avienen a su temperamento y forma de comportarse, entonces el psicólogo puede elegir otras variantes.


    Existen excelentes sistemas de intervención psicológica que en la práctica muestran un alto valor para diferentes fines en el deporte, sin embargo, las creencias, prejuicios y hasta la cosmovisión del deportista pueden desechar su empleo. Por muestra, algunas de las técnicas para lograr una correcta regulación de las emociones se relacionan con la práctica de la meditación y hay deportistas que con sólo pronunciar esta palabra estiman que se encuentran en un campo donde reina la superchería.
    El psicólogo siempre debe tener en cuenta las formas espontáneas y empíricas que el deportista utiliza para lograr el control de su mente, y a la vez, debe de respetar las mismas aun cuando no están certificadas dentro de la práctica psicológica. Por ejemplo, todos conocemos de la influencia nefasta del pensamiento negativo antes de una competición, si bien, hay deportistas que plantean que ellos piensan que todo les resultará mal para lograr que todo les marche bien.
    Con este enfoque de enfrentamiento al estrés de la competición estiman que les va bien. El psicólogo debe saber llevar al deportista desde esa actitud errónea de pensar en negativo, a la que demuestran los estudios y experiencias que resulta más conveniente.

    Otro aspecto de relevancia es conocer los progresos que tiene el deportista como resultado de la intervención sobre el deportista resulta de interés.


    2.6. Evaluación del Éxito de la Aplicación de un Programa de Intervención Psicológico.
    La necesidad de valorar qué repercusión tuvo sobre el deportista las intervenciones psicológicas es de un significado especial y que no debe ser analizado a la ligera, a tal punto que requiere una exposición amplia que se expone a continuación.
    Casi siempre los entrenadores y otros especialistas del deporte insisten en tener la información acerca de cuanto influyó el trabajo psicológico en los resultados deportivos y si es posible que se exprese sus consecuencias en términos de por ciento. ¿En qué tanto por ciento influye la preparación mental para el logro de los resultados?.
    También, están quienes en la victoria deportiva no recuerdan los compromisos o la posible incidencia de la labor psicológica en los beneficios que pudo reportar la buena presencia psíquica de los deportistas. No deja de resultar muy generalizado que cuando el deportista sufre de una derrota se achaque a lo psicológico las causas de ocurrencia. Ante estas circunstancias es provechoso tener ciertos controles para poder determinar en qué la intervención psicológica tuvo un efecto y en qué no.
    Por esto es aconsejable que se tenga una tasa inicial de los atributos que nos proponemos formar, desarrollar o modificar por medio de las intervenciones psicológicas. Hay muchas cualidades indeseables que es factible medir o valorar, a veces, hasta por medio de escalas nominales. Pongo de ejemplo, el grado de ansiedad rasgo o ansiedad estado, la cantidad de fallos o errores que se cometen al ejecutar determinadas acciones, o el grado de disposición para llevar a cabo una tarea o el entrenamiento o competición.
    Las tasas iniciales deben ser registradas y guardadas. El entrenador puede tener una determinada acción en su ponderación o en el perfeccionamiento y objetividad de los valores que se fijan a cada aspecto. Los valores pueden tener su origen en la aplicación del psicodiagnóstico u otros de los métodos de investigación de la Psicología del Deporte. Entonces, se procede a la intervención psicológica y posterior a la misma se vuelve a realizar el mismo procedimiento de valoración referido al inicio en relación con los atributos o cualidades que formaban parte del motivo de intervención y siendo así, podremos tener un resultado de la eficacia y eficiencia del trabajo psicológico con el deportista.
    Existen un conjunto de procedimiento de evaluación de los efectos de la intervención psicológica, entre los que se encuentran:

    • Cumplimiento del plan de intervención.

    • Autoinformes de cumplimiento y eficacia del deportista.

    • Opinión de los entrenadores sobre los resultados de la intervención.

    • Empleo de cuestionarios y de pruebas psicológicas al efecto.

    Algunos ejemplos de estas pruebas, sobre las que dedicamos un capítulo en el Módulo 3.7, serían la prueba de visualización de Roberts, el entrenamiento en atención de Tolouse-Pieron, o algunos cuestionarios relacionados con el entrenamiento psicológico como son el de Orlick (1986) y el de Rushall (1995). En estos últimos se recogen las vivencias acerca de la modificación de las habilidades del deportista fruto del proceso de intervención.


    A continuación se presenta, a modo de ejemplo, una de las partes del cuestionario desarrollado por Orlick (1986) para registrar la forma en que contribuyeron las intervenciones psicológicas en los deportistas:
    Cuestionario de evaluación del final del año de, T. Orlick. (1986, 1990)
    Instrucciones: El propósito de esta evaluación es determinar en qué medida tú sientes que el programa de entrenamiento mental influyó en ti.

    Por favor, usa la escala abajo relacionada en la que:

     5: indica "muy obstaculizado" 0: indica "no-efecto"



    5: indica "ayuda mucho"

    Para expresar cómo sientes o consideras que cada uno de los componentes del Programa relacionados a continuación influyó en ti en relación con tu forma de buscar o perseguir tus metas individuales este año.

    Componentes del programa

    Entorpecieron Obstaculizaron

    No -efecto

    Ayuda mucho

    Reuniones de equipo sobre Preparación Mental

     5  4  3  2 –1

    0

    1 2 3 4 5

    Reuniones individuales sobre planes psíquicos con el entrenador

     5  4  3  2 –1

    0

    1 2 3 4 5

    Reuniones individuales sobre planes psíquicos con el Psicólogo especialista en Deporte

     5  4  3  2 –1

    0

    1 2 3 4 5

    Lecturas sobre preparación psíquica

     5  4  3  2 –1

    0

    1 2 3 4 5

    Situarse metas específicas

     5  4  3  2 –1

    0

    1 2 3 4 5

    Plan precompetitivo

     5  4  3  2 –1

    0

    1 2 3 4 5

    Plan focalizado en la competición

     5  4  3  2 –1

    0

    1 2 3 4 5

    Plan refocalización

     5  4  3  2 –1

    0

    1 2 3 4 5

    Simulación de la competición

     5  4  3  2 –1

    0

    1 2 3 4 5

    Práctica de realización durante el entrenamiento

     5  4  3  2  1

    0

    1 2 3 4 5

    Imaginación mental

     5  4  3  2  1

    0

    1 2 3 4 5

    Relajación

     5  4  3  2  1

    0

    1 2 3 4 5

    Formas de evaluación post

    Competitiva



     5  4  3  2  1

    0

    1 2 3 4 5

    Reuniones de equipo en armonía de grupo

     5  4  3  2  1

    0

    1 2 3 4 5

    Plan de comunicación interpersonal

     5  4  3  2  1

    0

    1 2 3 4 5

    Plan Medio

     5  4  3  2  1

    0

    1 2 3 4 5

    Programa de entrenamiento mental

     5  4  3  2  1

    0

    1 2 3 4 5
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