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Autores: Dr. Ricardo de la Vega Marcos


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9.4. Investigaciones Sobre los estados de “Prearranque”.
Los estados de “prearranque” de los deportistas son investigados por diferentes autores, entre ellos: A. Z. Puni (1974), P. A. Rudik (1974a), N. Judadov (1971), N. Nekrasov (1980) y muy especialmente por A. N. Romani (1977), y también por D. Hackfort (1991), T. Orlick (1986, 1990), C. D. Spilberger (1970), R. Martens (1971, 1987) y otros.
Romani (1977 p. 24), realizó investigaciones comparativas entre grupos de deportistas acerca de los estados de “prearranque”. En primer lugar, corroboró que los estado de “prearranque” mejoran la capacidad de trabajo del deportista. No obstante, una prolonga­ción de la fuerza de la excitación puede actuar de forma desas­trosa en la ejecución de las tareas. Además, señaló que es necesa­rio estudiar el estado de “prearranque” en función de la experien­cia del deportista. Este mismo autor encontró que la mayoría de los deportistas principiantes presentaban el estado de “prearranque” clasificado como de fiebre, menos de la mitad el estado combativo y el 10% de apatía. Los de experiencia media, por su parte, muestran una tendencia a disminuir la cantidad de deportistas con fiebre de “prearranque”. Un 33% de estado combativo y un incremento del 23% de apatía. Por último, en los deportistas de alta calificación, el índice de fiebre de “prearranque” continúa disminuyendo. Una mayoría del 45% en estado combativo y un 28% de apatía.
De este modo, pudo concluir que el estado de fiebre de “prearranque” va disminuyendo acorde con la calificación y experiencias de los deportistas. El estado de apatía tiende a conservarse a pesar de que estos factores varíen. La explicación de este fenó­meno se basa en la elevación de la adaptación de los deportistas mediante la experiencia. Hay un aumento notable del estado de preparación combativa con el incremento de la experiencia depor­tiva.
La apatía de “prearranque” es el fenómeno más interesante y debe considerarse como una reacción protectora de la psiquis median­te la inhibición. Se encuentra relacionado con el estado de fiebre y es la continuación lógica de sus manifestaciones, en caso de que este haya comenzado mucho antes del arranque y se hayan agotado los recursos psicológicos del deportista. Se ha plantea­do que la apatía es típica de los sujetos con sistema nervioso débil; sin embargo, esto no ocurre de forma mecánica y debemos relacionarlo con el tipo de actividad nerviosa débil. A nuestro modo de ver, el incremento de las reacciones emocionales precompe­titivas de apatía se deben al incremento de la tensión psíquica como consecuencia del nivel superior de las competiciones, en aquellos deportistas que no ha logrado establecer los mecanismos adaptación a estas condiciones.
9.5. Valoración de los Estados Emocionales de “Prearranque”.
La valoración de los estados emocionales de “prearranque” se realiza por el comportamiento del deportista, sus actividades, ritual y mímica antes de la competición e incluso días previos y que permiten describir las variaciones de sus patrones normales de comportamiento. La tendencia a aislarse, la intranquilidad, nerviosismo, tono de la voz e hiperexpresividad o no, permi­ten conocer cuál es la situación por la que está pasando el deportista.
Existe un conjunto de pruebas psicológicas que pueden resultar de gran utilidad; todas las escalas que miden estados afectivos resultan utilizables, nosotros hemos empleado una lista de sínto­mas de “prearranque” la cual debe contestar el deportista. El test de ansiedad competitiva, de R. Martens, (1971) o el desarro­llado por B. Rushall, (1979) se utilizan con éxito por los psicólogos y entrenadores.
Para un diagnóstico adecuado de los estados de “prearranque” es mejor en todo sentido el empleo de varios procedimientos que permitan tener una idea exacta sobre el estado del deportista, para ello es recomendable emplear el registro de la frecuencia cardíaca, la tremometría, valorar el umbral al centelleo de luces me­diante el “flicker” y por último las escalas de valoración del estado emocional del deportista.
Es posible que con una parte de esta batería de pruebas se logre el diagnóstico y cuando hay desacuerdo en las pruebas, debe emplearse completa. Hay circunstancias en que las alteraciones se encuentran exclusivamente en las respuestas neurovegetativas del deportista mientras sus vivencias permanecen en la tranquilidad y puede ocurrir todo lo contrario, sentir temor o ansiedad y no demostrar alteraciones psicofisiológicas alarmantes. Detectar estas situaciones, conocer como se expresa el estado emocional del deportista es de mucha importancia para la selección y apli­cación de los sistemas de intervención psicológica y los procedi­mientos de autocontrol y regulación.
9.6. Técnicas Básicas de Autocontrol.
Entre los procedimientos de autocontrol que es necesario emplear cuando hay alteraciones en los patrones del estado de “prearranque” tenemos las técnicas de respiración y el empleo de la música como elemento psicoterapéutico.
a) Las técnicas de respiración:
La respiración como un medio de autorregulación de los estados emocionales es frecuentemente empleada con deportistas. Su valor en la modificación de los estados emocionales es tan poderoso que en todas las técnicas de relajación y activación es tomada en consideración tanto al inicio como durante y al final de la relajación.
De manera, que es una actividad dirigida concientemente que acompaña al resto de las técnicas de relajación, visualización y meditación. G. Hendricks, (1997). La respiración tiene una gran importancia para la modificación de las reacciones emocionales negativas debido a que el cerebro es muy sensible a la saturación de oxigeno como a su ausencia parcial o total, durante un corto periodo de tiempo, en el metabolismo que ocurre en la neurona.

En suma, las técnicas de respiración brindan:

1. Su influencia en la actividad nerviosa. Las neuronas están ávidas de oxigeno.

2. Modifican el grado de activación.

3. Transforman el estado emocional.

4. Función energética.



5. Aceleran la recuperación física y psíquica del deportista fatigado.
En una serie de casos, la carga específica de los entrenamientos y competiciones provoca una respira­ción no rítmica, la retención de la respiración o una aceleración innecesaria. D. J. Crews. (1992).
Por otra parte, no todos los deportistas saben respirar de una forma adecuada dentro del proceso de la actividad. Como regla, en las mujeres predomina el tipo de respiración pectoral, en los hombres, la abdominal. Sin embargo, en su forma pura no aparecen ni el uno ni el otro. Para el hombre es característico y mucho más racional, la forma combinada de la respiración, de modo, que un ritmo de respiración dirigido a la calma consiste en que cada expiración se hace dos veces más prolongada que la aspiración. En una serie de casos, para eliminar la tensión y ansiedad, se puede hacer aspiraciones profundas y mantener (retener) la respi­ración durante 20 30 segundos. Las aspiraciones que se realizan con poste­rioridad y las inspiraciones compensadoras y profundas y reitera­das contribuirán a estabilizar el estado.
Cuando existe una disposición destinada a elevar el nivel de actividad, el ritmo respiratorio debe ser otro: una inspiración normal o algo profunda y una aspiración ostensible, dejando un espacio de tiempo, alrededor de 10 o 20 segundos en que el oxigeno no se encuentra en el organismo. Estos ejercicios sencillos y breves permiten la aparición de cambios positivos en el estado del deportista. Pintanel, M.; L. Valiente, y Ll. Capdevila, (1992).
9.7. Consideraciones Finales.
Un obstáculo grande para la participación exitosa consiste en que el estado de fiebre o de apatía de “prearranque” aparezca en un deportista de forma no habitual antes de las competiciones. Esto ocurre independientemente de la volun­tad del deportista y es posible que se modifique mediante alguna intervención psicológica. A veces no ayudan, en este caso, los métodos muy divulga­dos de influencia psicológica por parte del entrenador y el psicólogo como, por ejemplo, la persuasión o la sugestión.
En el próximo capítulo se analiza la importancia del control emocional durante y al término de las competiciones.

CAPITULO 10. EL DOMINIO EMOCIONAL DURANTE Y AL FINAL DE LAS COMPETICIONES
10.1. Consideraciones Preliminares.
Lo que concierne al estudio de las emociones que surgen durante las competiciones resulta uno de los aspectos más trascendentes, ya que estas emociones pueden traer como consecuencia un detrimento en el potencial del deportista y afectar los resultados, pueden dar lugar a un deterioro de los procesos cognoscitivos. Por ejemplo, en los procesos de la atención, errores en la toma de decisión frente a las acciones del contrario, retraso o adelanto en las respuestas motoras ocasionando fallos en la ejecución de los hábitos y destrezas, disminución de la energía y cambios en la disposición o actitud frente al adversario y las condiciones en general de la competición.
A pesar de la trascendencia del estudio de las emociones durante las competiciones, existen una serie de dificultades metodológicas que no permiten profundizar su investigación y la hacen muy compleja: al encontrarse el deportista dentro de la propia acti­vidad es muy difícil emplear medios complejos de investigación. Él no puede ser interrogado, ni completar un test psicológico y en la inmensa mayoría de las ocasiones no se pueden realizar registros de sus respuestas psicofisiológicas que conlleven algún dispositivo electrónico, como lo son telémetricos para registrar la frecuencia cardíaca y que puedan influir en la facilidad para realizar los movimientos o llevar acabo acciones complejas.
10.2. Investigaciones.
Todos estos aspectos conllevan a que las investigaciones se basen en autoinformes de los deportistas posteriores a la competición, que pueden estar afectados por la influencia de la emoción sobre la memoria o la propia valoración que hace el deportista de su actuación. Muchas de las investigaciones se basan en la observación del deportista, de su comportamiento, reaccio­nes antes los errores, la situación en que se encuentran sus resultados en relación con el oponente, por muestra, el marcador de puntos, la calificación de los jueces, y otros aspectos. En esta dirección se observa la mímica del deportista, sus expresiones verbales con los compañeros de equipo, el entrenador o árbitros.
No obstante, hay situaciones deportivas en las que se presen­tan una pausa entre las acciones realizadas y que permiten la valoración del estado emocional del deportista e incluso la intervención directa del entrenador o el psicólogo. Rushall (1979), señala un conjunto de importantes conclu­siones acerca del papel de las emociones durante la competición. Investigó autoinformes de deportistas olímpicos encontrando que tan sólo un pequeño número lograban mantener el "foco" óptimo durante las competiciones como consecuencia del estrés que aca­rrea estas circunstancias (Gráfica 10.1).





Antes de las Competiciones %

Durante las Competiciones %

Muy efectivos

5

3

Parcialmente efectivos

41

37

Insuficiente

54

60

Gráfica 10.1. "Foco óptimo" de los atletas olímpicos.
Como se puede analizar el "foco" óptimo de rendimiento se deprime durante la competición y es sólo alcanzado por el 3 % de los deportistas, muy independientemente de que logren rendimientos elevados o sufran una derrota, su potencial no están al máximo. Para Rushall (1988), las emociones durante las competiciones influyen en el bloqueo de tres aspectos de la ejecución vinculada al rendimiento:

  1. Cambios en los patrones de ejecución.

  2. Problemas en la selección de respuestas.

  3. Incapacidad para "refocalizar" en las fases de distracción.

F. García Ucha (1992), coautor de este Módulo, investigó las características de ansiedad de deportistas de alto rendimiento. Del estudio participaron 465 deportistas que pertenecen a equipos de alto rendimiento de las modalidades deportivas siguientes: Tiro Deportivo, Béisbol, Voleibol, Judo, Boxeo, Ciclismo, Nado Sincronizado, Levantamiento de Pesas, Natación, Tenis de Campo y Atletismo, de ambos sexos, con una edad promedio de 24 años y una experiencia deportiva que fluctúa entre los 2 y los 15 años. A estos deportistas se les aplicó el test de ansiedad de Spielberger, (1989) en un momento próxi­mo a competiciones de importancia. Se empleó, además, una escala de valoración del rendimiento del deportista por medio de jueces, (entrenadores), donde le corres­pondía al Rendimiento = 2 Elevado, Rendimiento = 1 Promedio y Rendimiento = 0 Bajo. La escala para valorar el grado de rendimiento de cada deportista fue respondida por los entrenadores de los mismos. Los juicios de los entrenadores fueron promediados cuando la valoración se realizo por más de uno. Los criterios de los entrenadores fueron avalados, además, por los psicólogos que asistían a los deportis­tas en cada modalidad.


Los datos fueron procesados por medio del paquete estadísti­co SSPS en una microcomputadora y en la gráfica 10.2. aparecen las estadísticas descriptivas de los resultados de las variables estudiadas en la muestra total y además la forma en que se correlacionan:


Variables

Media

Desviación Standard

Mínimo

Máximo

N

Ansiedad de Rasgo

36

8.04

10

69

465

Estado de ansiedad

36.95

8.62

14

77




Grado de Rendimiento

1.20

.77

0

2




Gráfica 10.2. Estadísticas descriptivas de la muestra total.



Variables

Ansiedad de Rasgo

Estado de Ansiedad

Rendimiento


Ansiedad de Rasgo

1

4727

 .0760

Estado de Ansiedad




1

 .1208*

Rendimiento







1

Gráfica 10.3. Correlación de las variables de la muestra total.
Se puede apreciar una correlación entre la escala Estado de Ansiedad y el grado de Rendimiento, lo que expresa que en la medida en que se intensifican los resultados en esta escala decrecen los rendimientos. Este resultado expone el peso que tienen los factores situacio­nales en el deporte y la necesidad de un estado óptimo en el momento de la competición. El encuentro deportivo presenta un carácter trascendente creando una honda impresión en los participantes.
En la gráfica 10.3 se destaca también una relación entre las escalas del test, cuestión esta señalada en los estudios de su autor.
Las siguientes gráficas presentan los resultados de las variables en estu­dio de acuerdo con el sexo. Aquí no se encontraron tanto para el sexo masculino como para el femenino correlaciones entre las escalas y el grado de rendimiento, aunque si entre las escalas del propio test.


Variables

Media

Desviación Standard

Mínimo

Máximo

N

Ansiedad de Rasgo

35.69

7.76

21

69

401

Estado

de ansiedad

36.69

8.45

19

77





Grado de

Rendimiento

1.22

.76

0

2




Gráfica 10.4. Estadísticas descriptivas de las variables sexo masculino.



Variables

Media

Desviación Standard

Mínimo

Máximo

N

Ansiedad de Rasgo

38.21

9.30

10

68

63


Estado de ansiedad

38.44

9.57

14

66




Grado de Rendimiento

1.32

.74

0

2




Gráfica 10.5. Estadísticas descriptivas de la muestra sexo femenino.
Con el propósito de hallar una determinación más certera de las relaciones entre la ansiedad y el rendimiento se realizó la clasificación de los deportistas de acuerdo con el grado de rendi­miento para lo cual se formaron tres subgrupos: 0, 1, y 2. A estos subgrupos se procesaron extrayendo las estadísticas descriptivas de los mismos en el test, de C. D. Spielberger, (1970). En las siguientes tablas aparecen los resultados de los hombres y de las mujeres:
Gráficas 10.6. Estadísticas descriptivas de acuerdo con el grado de rendimiento en los deportistas hombres.

Rendimiento = 0



Variables

Media

Desviación Standard

Mínimo

Máximo

N

Ansiedad de Rasgo

38.46

8.01

23

64

89


Estado de ansiedad

39.09

9.09

22

77



Rendimiento = 1



Variables

Media

Desviación Standard

Mínimo

Máximo

N

Ansiedad de Rasgo

34

7.13

21

69

148


Estado de ansiedad

35.31

7.70

21

60



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